Sánchez se ríe de la oposición en el Congreso mientras la crisis migratoria se agrava
Hay una paradoja que define estos días: mientras la crisis migratoria en la frontera sur se intensifica y el presidente del Gobierno es acusado de ceder ante Marruecos, su comparecencia en el Congreso se convierte en un espectáculo de desprecio hacia la oposición. Los críticos sostienen que Sánchez se burla de sus adversarios, que se ríe de la mitad del país y que nadie hace nada al respecto.
La acusación de sumisión a Marruecos
El debate se centra en la gestión de la frontera. Se argumenta que Sánchez ha entregado el Sáhara a Marruecos sin pasar por el Congreso, y que ha regalado Gibraltar a Inglaterra. Los críticos señalan que el presidente actúa como un pelele de Rabat, y que incluso ha ordenado a los militares abrir la verja para generar una crisis que desgaste a la oposición. La comparación con el 11M es inevitable: entonces, bajo el eslogan de que el gobierno del PP mentía, las calles se llenaron. Ahora, según se argumenta, la oposición es incapaz de movilizar a la ciudadanía. Se recuerda que Aznar dijo que los autores intelectuales no estaban en lejanas montañas, y se sugiere que la oposición debería decir que no están en lejanas estepas.
La economía como telón de fondo
Mientras tanto, la economía sigue siendo el telón de fondo. Un autónomo puede ingresar 3.000 euros al mes, mientras que un beneficiario del IMV recibe 733. La desigualdad se agrava y la deuda pública sigue creciendo, pero el debate público se centra en la frontera. Se acusa al gobierno de aplicar un capitalismo liberaloide salvaje, con el presidente como el más pro capitalista de la historia de España. La paradoja es que los votantes de la oposición, según se sostiene, han sido los más beneficiados en estos ocho años de gobierno, y sin embargo se manifiestan en modo light. También se menciona que Sánchez fue consejero en Caja Madrid cuando se rescataban bancos, una acusación que se lanza sin pruebas concluyentes.
El papel del ejército y las fuerzas de seguridad
El ejército y las fuerzas de seguridad son acusados de pasividad, de ser meros mercenarios de su salario público. Se argumenta que obedecen órdenes de un gobierno que actúa contra los intereses del país, y que incluso podrían incurrir en un delito de lesa patria si siguen esas órdenes. La pregunta es si la ciudadanía reaccionará o si la pasividad se convertirá en la nueva normalidad. La sensación de que el relato oficial se impone sin resistencia es cada vez más fuerte. ¿Hasta cuándo?