Óscar Puente convierte la investidura de Feijóo en un ajuste de cuentas
El debate de investidura de Alberto Núñez Feijóo terminó antes de empezar. Con 137 diputados del PP, 33 de Vox y dos de formaciones menores, el candidato popular se quedó lejos de la mayoría absoluta que necesitaba para desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa. La sesión, que arrancó a mediodía y se prolongó más de nueve horas, sirvió para confirmar lo que ya se sabía: no había números. Lo que nadie esperaba era el espectáculo que iba a montar el exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, encargado de la réplica socialista.
Puente no fue a debatir. Fue a
liquidar. Su intervención, un encadenado de chascarrillos, imitaciones y pullas, convirtió el hemiciclo en un plató de comedia de barrio. La escena dejó una estampa difícil de olvidar: el candidato popular, sentado, escuchando cómo le recordaban una y otra vez que no iba a gobernar. «Señor Sánchez, usted me pedía seis debates durante la campaña electoral ¿y ahora no es capaz de hacer el segundo?», soltó Feijóo en su contrarréplica, según recoge un comentario del foro. La realidad es que el daño ya estaba hecho.
El «repaso» que indignó hasta a los propios
La intervención de Puente generó una reacción inesperada: la vergüenza ajena dentro de su propio espacio. No fue solo la derecha la que se llevó las manos a la cabeza. Voces habitualmente críticas con el PP describieron el discurso como «zafio, barriobajero, encadenando uno tras otro chistecitos fáciles como si fuera un burdo aspirante al club de la comedia». El reproche no era político, era estético. «Hasta para insultar hay que tener estilo, cosa de la que carece el diputado vallisoletano», sentenciaba otro comentario.
El argumento de fondo era simple: si toda tu defensa se limita al «te jorobas, que no vas a gobernar», mal vamos. La crítica más repetida apuntaba a que Puente no desmontó el programa de Feijóo, no rebatió sus cifras, no entró al fondo de ninguna propuesta. Se limitó a humillar al rival. Y eso, en política, tiene un coste. La escena del exalcalde gritando y llorando tras sufrir una rotura del cuádriceps inaugurando una obra se convirtió en el meme recurrente para ridiculizarle. La política española ya no se dirime en los programas, se dirime en los clips.
El currículum que Puente no quería recordar
La réplica socialista no tardó en girar hacia el pasado del propio Puente. Los señalamientos fueron directos: se le vinculó a un presunto patrimonio en el banco andorrano Morabanc, con una cuenta de un millón de euros cuya procedencia, según las informaciones publicadas, no se explicaba con su salario. También se recordó el episodio del Mercedes de 200.000 euros que utilizaba, presuntamente cedido por una empresa que había recibido contratos municipales durante su etapa como alcalde. Y se mencionó a la acompañante que viajaba con él, una joven de 20 años, mientras su esposa se enteraba por redes sociales.
Ninguna de estas acusaciones ha sido probada en firme. Son, en su mayoría, informaciones publicadas por medios y replicadas sin verificación independiente. Pero el daño reputacional es real. «Un ladrón llamándoselo a otro», resumía un comentario. La paradoja es evidente: el encargado de dar la réplica más dura contra la corrupción del PP arrastra un currículum que le convierte en el mensajero menos indicado. La política española tiene estas cosas.
La amnistía que Puente no quiso mencionar
El momento más incómodo llegó con la amnistía. En su discurso, Puente había cargado contra Carles Puigdemont: «Es un político irresponsable. No se puede hacer depender la gobernabilidad en partidos independentistas. Que deje ya de dar este espectáculo». Minutos después, el mismo Puente deslizaba que el PSOE «valorará la amnistía cuando llegue el momento». La contradicción quedó flotando en el aire. La oposición no tardó en señalarla: un partido que promete no depender de los independentistas y que, al mismo tiempo, abre la puerta a amnistiarles.
El episodio resume la tensión interna que atraviesa al PSOE. La investidura fallida de Feijóo no era solo un trámite parlamentario, era el preludio de una negociación mucho más compleja. Y Puente, con su verborrea, puso encima de la mesa el debate que el partido prefería mantener enterrado. La amnistía no se votó, pero se nombró. Y eso, en política, ya es media batalla.
El resultado: 172 votos y una legislatura por escribir
El bloque del PP reunió 172 votos en la investidura, insuficientes para la mayoría absoluta. La segunda votación, con mayoría simple, tampoco le daría la presidencia. Feijóo exhibió su soledad en una sesión destinada al fracaso. Los 137 diputados de su partido, los 33 de Vox y los dos de UPN y Coalición Canaria no bastaban. La aritmética era tozuda.
Mientras tanto, el PSOE celebraba el espectáculo. «Pedro, calienta que sales», resumía un comentario. La investidura de Feijóo se convirtió en una suerte de precampaña electoral anticipada, con Puente como ariete y Sánchez como beneficiario. La pregunta que queda en el aire es si el estilo Puente —más cercano al insulto que al argumento— es sostenible a largo plazo. La política española ha entrado en una dinámica donde el titular vale más que la propuesta. Y eso, a la larga, pasa factura.
Datos clave
- Feijóo reunió 137 diputados del PP, 33 de Vox y 2 de UPN y Coalición Canaria.
- La sesión de investidura duró más de nueve horas.
- Puente mencionó una presunta cuenta de un millón de euros en Morabanc.
- El Mercedes utilizado por Puente estaba valorado en 200.000 euros.
- La acompañante del exalcalde tenía 20 años.