¿Qué significa que Francia tenga que pagar un 4% por su deuda a 10 años? Más que un dato técnico, es la señal de que los inversores han perdido la fe en la capacidad de París para cuadrar sus cuentas. Y las implicaciones para toda Europa son directas.
La rentabilidad del bono francés (OAT) a 10 años ha superado el 4%, un nivel que no se veía desde la crisis de deuda de la eurozona. En el mismo movimiento, el bono alemán a 10 años se disparaba al 3,2% y el estadounidense a 30 años rozaba el 5,19%, máximos de dos décadas. Pero el foco está en Francia porque su deuda pública ya supone el 115% del PIB, más de 3 billones de euros. En los años 80, cuando el bono francés llegó al 12%, el endeudamiento era solo del 21%. Hoy la deuda es cinco veces mayor y la economía, mucho más frágil.
Por qué el mercado deja de confiar
Detrás de la subida de tipos hay un diagnóstico demoledor: la base fiscal francesa se erosiona. Cada año aumenta el porcentaje de población que depende de transferencias públicas o trabaja en sectores de baja productividad, lo que reduce la capacidad recaudatoria. Los inversores saben que un Estado con déficits crónicos y sin margen para subir impuestos solo puede financiarse emitiendo más deuda o, a la larga, con monetización. El BCE tiene prohibida la financiación directa, pero la compra en mercado secundario es una carta que está sobre la mesa.
El escenario que nadie quiere nombrar
Algunos análisis van más allá y plantean un default soberano francés con consecuencias catastróficas: una caída del PIB de al menos el 10% y una depresión de cinco años. Para evitarlo, se barajan medidas drásticas como la conversión forzosa de ahorros en deuda pública, un corralito o el pago de pensiones con bonos. No son ocurrencias: se hizo en la URSS y en varios países latinoamericanos. La tentación de recurrir a la inflación para licuar la deuda también está presente, especialmente cuando el IPC oficial no refleja la realidad de la cesta de la compra.
El efecto dominó sobre España
Si Francia cae, arrastra al resto. El bono español, que ya tiene una prima de riesgo elevada, podría dispararse al 6% o 7%. Italia y España comparten los mismos males: déficits descontrolados, deuda disparada y nula voluntad de ajuste. Alemania, aunque también acumula problemas —industria del automóvil en declive, cierre nuclear, dependencia energética—, al menos mantiene cierta disciplina fiscal. Pero su ley de deuda al 60% del PIB ya está siendo modificada con excepciones que huelen a rendición.
Que el bono francés esté al 4% no es un episodio más del culebrón de los mercados. Es la primera página del capítulo que nadie quiere leer. Los que aún creen que es un susto pasajero harían bien en repasar la historia. El 12% de los años 80 se alcanzó con una deuda cinco veces menor. Ahora, con 3 billones de euros colgando, cada décima que sube el tipo es un clavo más en el ataúd de la ortodoxia fiscal europea. Ironías del destino: los políticos que prometieron estabilidad han construido la mayor montaña de deuda en tiempos de paz. Los mercados, implacables, empiezan a cobrársela.