Dinamarca desglosa delitos por origen: somalíes, 19 veces la tasa danesa
Dinamarca ha publicado datos de criminalidad desglosados por país de origen entre 2021 y 2025, y las cifras no dejan espacio para medias tintas. Los residentes de origen somalí cometen delitos a una tasa 19,3 veces superior a la de los ciudadanos de origen danés. Le siguen los de origen libanés (11,9 veces) y marroquí (7,5 veces). En el extremo opuesto, los estadounidenses registran una tasa de 0,18 veces la danesa. Un patrón que, según los analistas, invita a preguntarse por qué se ocultan estos datos en la mayoría de los países europeos.
El debate metodológico: ¿edad o cultura?
La primera objeción que surge es la estructura demográfica. Los inmigrantes suelen ser más jóvenes que la media de la población danesa, y los jóvenes delinquen más independientemente de su origen. Algunos analistas señalan que sería necesario ajustar por grupos de edad para obtener una comparación justa. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta ese sesgo, las diferencias son tan abultadas que difícilmente se explican solo por la edad.
Otra crítica apunta a los propios datos: los números publicados en el gráfico original no coinciden exactamente con las ratios que se han difundido. Por ejemplo, la ratio para Líbano se sitúa en 11,9x, pero en la visualización aparece un valor diferente. Esto ha generado dudas sobre la metodología empleada por las autoridades danesas. Aun así, el consenso entre quienes han examinado las estadísticas es que la dirección de los resultados es clara: ciertos colectivos presentan tasas de criminalidad desproporcionadamente altas.
El secreto a voces que Europa no quiere ver
La publicación de estos datos en Dinamarca contrasta con la política de la mayoría de los países europeos, donde clasificar delitos por origen está prohibido o es tabú. En España, por ejemplo, un análisis similar sería ilegal por considerarse discriminatorio. Esta opacidad alimenta la teoría de que las élites ocultan información incómoda para evitar que el debate migratorio se base en hechos. Los datos daneses —aunque imperfectos— aportan una transparencia inusual, y los resultados coinciden con patrones observados en otros países nórdicos, donde la criminalidad entre ciertos grupos de inmigrantes supera ampliamente la media nacional.
Más allá del delito: ¿qué aportan?
La discusión no se limita a la criminalidad. Varios comentaristas han señalado que, al igual que Dinamarca publica delitos por origen, debería publicar también contribuciones fiscales netas para tener una imagen completa. La inmigración no es solo un coste en seguridad, sino también en términos económicos. Si algunos grupos tienen una tasa de delincuencia muy superior a la media, probablemente también tienen una tasa de ocupación y de contribución fiscal inferior. Pero esa parte de la ecuación rara vez se cuantifica con el mismo detalle.
En Dinamarca, el impacto en la opinión pública ha sido notable. Ante la evidencia, el gobierno danés ha endurecido su política migratoria, alejándose del «modelo nórdico» que tanto admiraban ciertos sectores progresistas europeos. Ahora que los nórdicos miran los datos y actúan en consecuencia, el silencio de quienes antes los ponían como ejemplo es ensordecedor.
El dato que descoloca: mientras los somalíes multiplican por 19 la tasa danesa, los estadounidenses apenas llegan a una quinta parte de la misma. Difícil sostener que todo es cuestión de clase social.