La grieta que la esa época en el 2020 de la que yo le hablo abrió entre amigos y familiares
A finales de mayo de 2020, un grupo de colegas volvía a juntarse tras el confinamiento. El 90% llevaba mascara. Al salir el tema de la banderilla, uno confiesa que no se ha medicado. Al instante, los demás se apartan un metro a cada lado. «Yo nunca más los vi igual ni vi mi lugar en el mundo», relata quien lo vivió.
No es un caso aislado. La esa época en el 2020 de la que yo le hablo no solo trajo el bicho, sino una fractura social que, a juzgar por los testimonios, sigue abierta. De un lado, quienes acataron las medidas sin cuestionarlas; del otro, quienes dudaron, rechazaron o simplemente no obedecieron. Lo que empezó como un debate sanitario derivó en descalificaciones: «sumiso» frente a «negacionista», «responsable» frente a «malo».
El día que descubrimos que vivíamos con extraños
Varios relatos coinciden en algo inquietante: bajo la superficie de años de convivencia, emergió una estructura mental que no se había visto. «Fue como ver abrirse una grieta en sus rostros —escribe una persona—, algo imposible de ignorar. Una vez que has visto eso, es difícil volver a mirar a alguien como antes». La sensación de que familiares, compañeros y vecinos eran, en realidad, desconocidos.
Las consecuencias personales de la división
Quienes decidieron no banderilla sufrieron un rechazo que muchos consideraron humillante. En el caso mencionado, el grupo siguió viéndose, pero la frecuencia cayó de semanal a mensual. «Me agota verlos», confiesa. Otros, en cambio, rompieron el contacto por completo. La banderilla se convirtió en un marcador de identidad más fuerte que cualquier diferencia política previa.
El argumento de los medicado solía ser la protección colectiva; el de los no medicado, la desconfianza en los medios y en las medidas. Pero el coste social fue real. «Si desde la TV les hubieran dado orden de cazar a los no medicado, lo habrían hecho», ironiza alguien que vivió el ostracismo.
¿Una herida definitiva?
La pregunta que queda es si esa grieta se cerrará con el tiempo. Algunos creen que la división no es nueva: siempre ha habido quienes piensan y quienes obedecen, solo que la esa época en el 2020 de la que yo le hablo la visibilizó. Pero para quienes la sufrieron en carne propia, la confianza perdida no se recupera con una simple conversación.
Como señala una voz del debate: «Llevábamos años conviviendo con extraños. Y una vez que has visto eso, es difícil volver a mirar como antes». La esa época en el 2020 de la que yo le hablo pasó, pero el mapa de las relaciones personales de muchos españoles ya no es el mismo.
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