Tiro a la cadera a 50 metros y un jabalí de 50 kilos al suelo
Un cazador abate de un disparo a la cadera, «a tenazón» —sin apoyar el arma, en el instante— y a una distancia de
entre 40 y 50 metros, a un jabalí de
más de 50 kilos que le salió al paso en el monte. El arma empleada fue un rifle de palanca Marlin 1895 Trapper del .45-70 Government, con un punto rojo TruGlo de 40 milímetros. La pieza quedó junto al borde de una carretera, desde donde se cargó en una pick-up Hilux. Quien lo cuenta reconoce que la cosa salió redonda por lo excepcional del lance y jura que lo narra «con suma humildad». Detrás de la anécdota cinegética arranca un pulso largo sobre si abatir jabalíes es control de plagas o simple afición.
El jabalí sin depredadores naturales: de especie cinegética a plaga
El argumento central de quien defiende la caza no es el trofeo, sino el desequilibrio. Sin lobos ni otros predadores que los contengan, se sostiene, las poblaciones de jabalí crecen hasta convertirse en un problema: destrozan cultivos, se acercan a los núcleos urbanos y desplazan a otras especies. En esa línea se cita el caso de la
cabra montesa de Gredos, con una superpoblación y problemas de enfermedad que habrían llevado a pedir la intervención de cazadores para reducir el número.
La duda que planea sobre el relato es por qué el lobo no hace ese trabajo gratis. La respuesta que se da es simple: el lobo prefiere presas fáciles —ovejas, terneros— antes que jugarse el tipo con un jabalí. Hay quien añade otra capa al problema: la suelta de ejemplares traídos de centro Europa para repoblar cotos, con los riesgos sanitarios que eso implica para la cabaña porcina española, y que se habría intentado frenar desde la propia comunidad científica.
La piel, los colmillos y el peligro real de un jabalí
No es un animal inofensivo por mucho que en el imaginario urbano aparezca como una caricatura que corretea por el bosque. Un macho adulto pesa lo suficiente como para romper rodillas o provocar una hemorragia interna en una embestida. Sus colmillos miden
entre 8 y 12 centímetros y pueden rajar un gemelo o alcanzar la arteria femoral. La piel, de
un dedo de grosor, funciona como una cota de malla natural: una bala del .357 de punta blanda o hueca no la atraviesa a 200 metros.
Quien los conoce bien describe una organización casi militar. El macho dominante va siempre con escolta de jóvenes que aprenden de él las rutas, los horarios y los accesos al agua. A cambio de ese magisterio, los bisoños cruzan primero las zonas expuestas por si hay peligro. Como en un pelotón: el novato abre camino.
Cuánto cuesta comerse un jabalí: 25 euros por análisis de triquina
Para quien caza para llenar la despensa, el gasto no termina en la licencia y el coto. El análisis obligatorio de triquina cuesta
25 euros por pieza. Un aficionado asegura que limpia
8 jabalíes al año y que con eso come todo el año, siempre que la carne pase el control sanitario. La triquina es un parásito que puede transmitirse al consumidor si la pieza no se inspecciona; de ahí que el trámite sea la línea que separa el guiso del problema médico.
Sobre el sabor, el consenso se rompe. Hay quien sostiene que un macho de
120 kilos, bien adobado y a la brasa, acaba siendo un manjar. Y hay quien defiende lo contrario: el jabalí mayor resulta seco, fibroso y con un deje agreste que solo se disimula con castañas y setas. Las piezas grandes, además, se venden a restaurantes para fondos y guisos.
Qué rifle elegir según la distancia: palanquero o cerrojo
La elección del arma depende del escenario. Para tiros rápidos a menos de
200 metros gana el rifle de palanca: cicla más deprisa y usa cartuchos con balas pesadas y expansivas de trayectoria parabólica que transmiten mucha energía al impactar. Para distancias mayores, el cerrojo y los cartuchos agolletados de alta velocidad.
El repaso de opciones concretas es minucioso: un Pedersoli Boarbuster Mark II del 45/70 con un Aimpoint Micro H2 de 2 MOA para monte cerrado, o un Browning BLR en 30.06 Springfield con un Leica 2,5-15x50 como término medio. La duda sobre el Marlin del lance —si salió de la etapa Remington o ya de la era Ruger— demuestra que hasta el detalle de fábrica se discute. El cálculo de qué calibre conviene a cada distancia, con sus trayectorias y pesos de bala, merece leerse entero.
La brecha entre el campo y la ciudad
El asunto se encona cuando alguien cuestiona la caza desde fuera del entorno rural. La respuesta no tarda: se acusa a los urbanitas de creer que la carne aparece sola en la bandeja del supermercado. Se compara el sufrimiento del jabalí abatido con el del cerdo estabulado en una macrogranja, y hay quien lleva el argumento al extremo de proponer visitas guiadas a un matadero para que cada cual vea cómo funciona la cadena industrial.
En medio del rifirrafe reaparece un caso convertido en bandera: un hombre que, armado solo con una hoz, se enfrenta a un jabalí para proteger a unos niños y que, en vez de recibir un homenaje, tiene que pedir clemencia para no ser castigado. Aunque el calibre, el punto rojo y el cartucho se discutan con rigor de armero, el choque de fondo no es técnico.
Al final queda la duda de siempre: ¿es el jabalí una plaga que hay que controlar o un animal que paga el precio de haber aprendido a vivir entre nosotros? El lance del tiro a la cadera da para presumir. La respuesta, para discutir.