Deuda perpetua: pagar menos ahora y que los hijos paguen el pato
Imagine que su hipoteca mensual baja de 900 a 300 euros. Parece un alivio, pero no está amortizando ni un céntimo. Eso sí, sus herederos asumirán la deuda completa cuando usted fallezca. Es la llamada «deuda perpetua», una fórmula que está ganando tracción en Estados Unidos y que ya tiene paralelismos en España con los períodos de carencia.
¿Cómo funciona este producto?
El mecanismo es simple: el banco permite al deudor pagar solo los intereses o una cuota reducida (un tercio de la ordinaria, según los ejemplos que circulan) durante un periodo indefinido. El capital no se reduce. Si el titular cancela, vuelve a la cuota original. Pero si muere, la deuda recae sobre los herederos, que deberán pagarla o perder la vivienda. Algunos lo ven como un «alquiler eterno barato»; otros, como una bomba de relojería generacional.
Comparación con la hipoteca inversa
La hipoteca inversa permite a los mayores recibir ingresos a cambio de su vivienda, pero la deuda crece hasta liquidar el patrimonio. Con la deuda perpetua, el propietario no recibe ingresos; solo alivia su cuota mensual. «La hipoteca inversa es peor, porque el langosto se come una vivienda pagada de a poco», se argumenta. Pero en ambos casos, los herederos salen perdiendo.
El debate moral: ¿egoísmo o supervivencia?
Hay quien defiende que cada cual debe gestionar su patrimonio sin pensar en los herederos, y que estos siempre pueden repudiar la herencia. «‘Gasta bien el dinero aunque ayune tu heredero’», reza el refrán popular. Otros señalan que es una forma de transferir la mala gestión financiera a la siguiente generación. La cuestión de fondo es si este tipo de productos deberían regularse más estrictamente para evitar que la deuda se convierta en una carga hereditaria.
Con tipos de interés aún elevados y viviendas que no dejan de subir, la deuda perpetua aparece como un parche para quien no puede pagar. Pero ¿es una solución o una trampa generacional?