La ración de mejillones a 18 euros ya no es una anécdota: es el nuevo precio de la playa
Escena de verano: chiringuito, cacerola de mejillones al vapor y una cuenta que hace arrugar la nariz. La ración ha pasado de 8-9 euros a 15-18 en solo cuatro años, y la cantidad servida se ha reducido. El hostelero habla de costes, alquileres y personal. Pero el mejillón en origen ha estado cerca de 1 euro el kilo para el particular. El margen aplicado se acerca al 1.000%, una cifra que en cualquier otro sector haría saltar todas las alertas.
Del supermercado al chiringuito: el mismo producto, precios de otro planeta
En la pescadería, el mejillón gallego se encuentra a unos 7 euros el kilo. Hace años, la bolsa de un kilo se pagaba a 1 o 1,5 euros; ahora cuesta 4 si hay suerte. En la hostelería, la misma mercancía se transforma en una ración que no llega al kilo y se factura a 18. Se paga el servicio, el local y el mar, pero la diferencia entre la materia prima y la carta sigue siendo difícil de explicar solo con costes.
Otros productos han seguido la misma senda: un tercio de cerveza que en el supermercado cuesta 0,64 euros se cobra a 4 en según qué establecimientos. La comida rápida no se libra: hamburguesas de 27 euros y bowls de arroz con salmón a 20. La sensación de que el precio se ha despegado del valor real es transversal.
No todo es margen: la producción gallega está en problemas
Detrás de la subida no hay solo especulación. La producción de mejillón en Galicia ha caído con fuerza: episodios de marea roja y de exceso de agua dulce han acabado con muchas bateas. El resultado es que buena parte del mejillón congelado y en conserva que llega a España se importa de Nueva Zelanda y Chile. Eso encarece la materia prima y cierra la puerta a que los precios vuelvan a bajar.
Quienes relativizan la queja recuerdan que el mejillón sigue siendo de los mariscos más baratos y que cocinarlo en casa cuesta una fracción. El problema es que la hostelería ha convertido un producto humilde en un artículo de lujo: raciones raquíticas, atención mediocre y postres congelados a precio de pastelería. Esa combinación es la que cabrea.
Turismo y expansión monetaria: la demanda que sostiene los precios
La explicación más repetida es doble. Primero, la expansión monetaria ha erosionado el poder de compra: un billete de 5 euros equivale a lo que hace unos años era uno de 1. Segundo, la llegada de turismo no hace más que crecer, con previsiones de 100 millones de visitantes. Con esa afluencia, los chiringuitos no necesitan bajar precios: hay cola para sentarse.
La inflación en alimentos ha sido especialmente agresiva, con subidas de más del 100% en tres años en algunos productos, muy por encima de lo que reflejan las estadísticas oficiales. La cesta de la compra no engaña, y la hostelería ha trasladado ese incremento con un plus de creatividad contable.
Mientras los locales de playa sigan llenos, el precio del mejillón no va a bajar. En la lonja, el mejillón sigue siendo un producto barato. En la carta, es un lujo. La diferencia no es el mar: es la demanda y la decisión de pagarla.