El F-35 ya no es invisible: 16 aeronaves perdidas en 20 días
Que un avión haya caído en combate es un hecho. Que el aparato caído sea un F-35, el caza más caro de la historia, ya es otra discusión. La diferencia importa. Porque si el "invisible" puede ser alcanzado por una defensa antiaérea que se despliega desde un todoterreno, el relato sobre la superioridad militar occidental se cae con él. Y los partes oficiales, entre "aterrizajes de emergencia", "fuego amigo" y "fallos de lavandería", no ayudan precisamente a apuntalarlo.
Las versiones difieren: la prensa israelí informó del derribo en inglés; los medios iraníes lo celebraron sin matices; la verificación independiente sigue sin cerrar. Lo que nadie discute ya es la cifra agregada: 16 aeronaves perdidas en algo más de 20 días. Entre ellas, un F-35 presuntamente alcanzado por un sistema 358, además de F-16, B-1B, V-22 Osprey y MQ-9 Reaper. Una tasa de baja que, en una campaña limitada, no se sostiene ni con los mecánicos más torpes de la USAF.
La furtividad, en el banquillo del S-400
La teoría del F-35 como declaración teológica —invisible al radar, al infrarrojo y a las oraciones— ha chocado con la práctica. Se argumenta que los sistemas S-400 y las nuevas generaciones de misiles iraníes han neutralizado la ventaja furtiva. El precedente del F-117 en Bosnia, al que los serbios derribaron a finales de los 90 con la célebre disculpa de "lo sentimos, no sabíamos que era invisible", vuelve a citarse como aviso: la tecnología furtiva siempre ha sido un juego de espejos, y los espejos se rompen.
El incidente concreto: un F-35 que "aterrizó de emergencia sin percance" un día aparecía al siguiente con el piloto herido y el aparato fuera de servicio para siempre. La secuencia de verificación sigue el patrón clásico de minimización, hasta que las fotos de restos y las recompensas por pilotos capturados obligan a mover la pieza.
16 en 20 días: ¿accidentes o derribos?
La lista es elocuente:
- F-35 Lightning II, el caza "invisible"
- F-16 Fighting Falcon
- B-1B Lancer
- V-22 Osprey
- MQ-9 Reaper
La explicación oficial se reparte entre accidentes, fuego amigo y fallos técnicos. Pero cuando el 25% de la flota de MQ-9 Reaper termina destruida, y aparecen restos de F-15 dentro de Irán con recompensa por el piloto vivo, el escenario de la negligencia generalizada resulta más difícil de vender que la hipótesis de una defensa antiaérea que ha aprendido a cazar piezas mayores.
Lo que complica el relato es la logística. El F-35 exige 10 horas de mantenimiento por cada hora de vuelo y su radio de combate sin cisterna se ha cifrado en torno a los 500 km. En una zona de exclusión aérea que el S-400 ha negado a los portaaviones, el resultado es un desfile de aviones cisterna enormes, visibles y lentos alrededor de la zona de operaciones. La furtividad se convierte en un chiste si para llegar al objetivo necesitas una caravana de apoyo.
La guerra que viene: drones con IA y cazas obsoletos
Hay una corriente de análisis que ve en estos derribos el certificado de defunción del caza tripulado tal y como lo conocemos. Si un misil lanzado desde un vehículo todoterreno puede tumbar un caza de 100 millones de dólares, la ecuación económica se rompe. El argumento tiene fuerza: Rusia, Irán y China juegan ya en la liga de los drones y los misiles con IA, mientras los aliados europeos siguen pagando un pastizal por avioncitos que quedarán obsoletos en menos de una década.
No todo es unidireccional. Es normal perder aviones en una guerra, y la propaganda de ambos bandos necesita un balance que confirme su narrativa. La versión oficial de bajas limitadas —13 caídos en combate reconocidos— choca con un recuento de materiales que, a la fecha de esta discusión, había superado con creces los umbrales de lo admisible para una campaña "limitada".
El precedente del F-117 y la tozudez de los hechos —restos, recompensas, pilotos heridos— sugieren que la era del caza furtivo infalible se ha cerrado en el golfo Pérsico. La pregunta que queda sobre la mesa no es si Irán ha aprendido a derribarlos, sino cuánto tardará la próxima doctrina militar occidental en dejar de construir aviones sobre los que vender mitos. Mientras tanto, Europa podría estar comprando, a precio de oro, la próxima reliquia.