Derecho al voto a dos velocidades

Derecho al voto a dos velocidades
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

España concede la nacionalidad a descendientes de sefardíes expulsados en 1492 desde 2015, con 74.543 casos resueltos favorablemente hasta 2026, mientras el Tribunal Supremo ha suspendido cautelarmente el voto de 163.000 personas nacionalizadas por la ley de nietos de la Memoria Democrática.

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España concede la nacionalidad a descendientes de sefardíes expulsados en 1492 desde 2015, con 74.543 casos resueltos favorablemente hasta 2026, mientras el Tribunal Supremo ha suspendido cautelarmente el voto de 163.000 personas nacionalizadas por la ley de nietos de la Memoria Democrática.

La nacionalidad española tiene al menos dos puertas de entrada que funcionan a velocidades distintas. Una lleva abierta desde 2015 y ha dejado pasar a decenas de miles de descendientes de judíos expulsados hace cinco siglos. La otra se abrió en 2022 para los nietos del exilio franquista y ahora está bloqueada por orden judicial. Mismo pasaporte, mismo derecho a votar sobre el papel, pero un trato que ha acabado en los tribunales en plena carrera electoral.

La ley que Rajoy aprobó en 2015

El Gobierno de Mariano Rajoy sacó adelante en junio de 2015 la Ley 12/2015, una norma que concede la nacionalidad española por carta de naturaleza a los sefardíes originarios de España, es decir, los descendientes de los judíos expulsados en 1492. La ley les permitía obtener el pasaporte sin renunciar a su nacionalidad anterior y sin exigirles residencia legal en España. El entonces ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, defendió la medida en el Congreso como una reparación de una deuda histórica con comunidades que mantuvieron durante quinientos años el amor, las tradiciones y la lengua ligados a España. El titular de Justicia, Rafael Catalá, lo resumió con una imagen: si el 1 de enero de 1492 se cerró una puerta para miles de españoles forzados a marcharse, la ley volvía a abrirla para sus descendientes.

El PSOE respaldó la aprobación definitiva del texto, aunque votó en contra de algunas enmiendas y no logró incluir a los ciudadanos de origen saharaui. La norma se tramitó en la antesala de un ciclo electoral que incluyó elecciones generales en diciembre de 2015, su repetición en junio de 2016 y comicios autonómicos en Galicia y Euskadi. Nadie habló entonces de ingeniería electoral.

Los requisitos para acogerse a la ley incluían acreditar la condición de sefardí con documentos probatorios. Entre ellos, el certificado de un rabino reconocido legalmente en el país de residencia del solicitante y la acreditación del uso del ladino como idioma familiar, la lengua derivada del castellano medieval que los judíos llevaron consigo tras salir de la Península Ibérica. También se exigía demostrar una especial vinculación con España mediante certificados de estudios de historia y cultura, actividades benéficas, culturales o económicas, o la inclusión en listas de familias sefardíes protegidas por España. Además, los solicitantes debían superar una prueba de conocimientos básicos de Lengua y otra sobre cultura, realidad social y Constitución Española, diseñadas y administradas por el Instituto Cervantes. Quienes procedían de países hispanohablantes quedaban exentos del examen de idioma. El procedimiento se diseñó para tramitarse por vía electrónica.

74.543 nacionalizados y 7.344 denegaciones

Entre 2016 y 2026, 74.543 sefardíes obtuvieron la nacionalidad española por esta vía, según datos del Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. El grueso de las resoluciones favorables se concentró entre 2020 y 2022, con 59.373 descendientes de judíos nacionalizados en ese trienio. En 2025 recibieron el pasaporte español 1.126 nuevos sefardíes, y en lo que va de 2026, otro centenar. Las autoridades denegaron 7.344 solicitudes en los diez años de vigencia de la norma y archivaron 861. El Consejo General del Notariado ha recibido 153.774 peticiones de descendientes de judíos que reclaman el pasaporte español entre 2015 y 2026.

La mayor parte de las solicitudes llegaron de países como Colombia, México, Venezuela y Argentina, según las estadísticas del Ministerio de Justicia. América Latina concentra también el grueso de los descendientes del exilio franquista cuyo voto ha quedado en el aire.

El Supremo frena el voto de 163.000 nietos

La otra puerta es la disposición adicional octava de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática, conocida como ley de nietos. Esta norma otorga la nacionalidad española a los descendientes de exiliados por motivos políticos, ideológicos o de orientación sexual durante la Guerra Civil y el franquismo. El Tribunal Supremo rechazó que puedan votar en las próximas generales los 163.000 españoles nacionalizados por esta vía, atendiendo a la petición de Iustitia Europa y Vox, que judicializaron el caso después de intentarlo sin éxito ante la Junta Electoral Central. El Alto Tribunal considera que debe prevalecer la integridad del censo y del proceso electoral sobre el ejercicio provisional del derecho a voto.

La decisión cuenta con el voto particular de la magistrada María Alicia Millán Herrandis, que sostiene que la convocatoria del 29N incorporó un elemento nuevo y decisivo, y advierte del riesgo de una lesión definitiva e irreversible sobre la participación democrática. La JEC no paralizó las altas de nuevos votantes en el censo, como pedía Iustitia Europa.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, celebró la decisión de los magistrados y valoró que hayan antepuesto el bien común para poner límite a la irresponsabilidad del Gobierno. Feijóo había cargado contra la ley de nietos el 29 de junio de 2026, un día después de que Iustitia Europa presentase la primera denuncia ante la JEC, hablando de ingeniería electoral y de incrementar en 2,5 millones el número de personas con derecho a voto. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, fue más lejos y advirtió a los diplomáticos que tramitasen nacionalizaciones que considerase indebidas de que estarían haciendo algo ilegal.

El PP criticó las pocas garantías del texto y habló de nacionalizar a socialistas, rechazando de lleno la disposición adicional octava. No pidió suprimirla de manera íntegra durante la tramitación de la norma en el Congreso.

Dos leyes, un mismo pasaporte

Las dos normas comparten más de lo que las separa. La Ley 12/2015 y la ley de nietos conceden la nacionalidad sin exigir renuncia a la anterior y sin residencia legal en España. Ambas se aprobaron en la antesala de ciclos electorales. Ambas afectan a descendientes de personas que salieron del país por persecución o expulsión. Y ambas han sido cuestionadas por los mismos actores políticos, aunque con diez años de diferencia y con signo opuesto.

Los 74.543 sefardíes nacionalizados podrán votar el 29N. Los 163.000 nietos del exilio franquista, de momento, no. La diferencia no está en la ley que les reconoce el derecho, sino en quién ha decidido suspenderlo.

Datos clave
  • 74.543 sefardíes obtuvieron la nacionalidad española por la Ley 12/2015 entre 2016 y 2026.
  • 163.000 personas nacionalizadas por la ley de nietos tienen el voto suspendido cautelarmente por el Tribunal Supremo.
  • 59.373 de las nacionalizaciones de sefardíes se resolvieron favorablemente entre 2020 y 2022.
  • La Ley 12/2015 se aprobó en junio de 2015, en la antesala de las generales de diciembre de ese año.
  • El Consejo General del Notariado recibió 153.774 peticiones de descendientes de judíos entre 2015 y 2026.
Fuente: publico.es
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Derecho al voto a dos velocidades: facilidades para los descendientes de sefardíes de hace 500 años y veto a los nietos del exilio franquista​

  • El PP lleva meses criticando las "pocas garantías" de la llamada 'ley de nietos' y hablando de "ingeniería electoral", pese a que durante el primer Gobierno de Rajoy se aprobó una norma para conceder la nacionalidad a los descendientes de judíos que fueron expulsados de España en el siglo XV.
  • Desde 2016 han obtenido la nacionalidad por esta vía 74.543 sefardíes, según datos oficiales a los que ha tenido acceso Público.
  • Entre los medios "probatorios" para acreditar "la condición de safardí", la ley contempla el certificado de un rabino "reconocido legalmente" en el país de residencia del solicitante.

"Lo que hay detrás es ingeniería electoral, interés por conseguir nuevos votantes a través de la nacionalidad y el pasaporte". Alberto Núñez Feijóo se subió al carro de la polémica ley de nietos el 29 de junio de 2026, un día después de que Iustitia Europa presentase la primera denuncia al respecto ante la Junta Electoral Central (JEC). "Esa ingeniería consiste en incrementar en 2,5 millones el número de personas con derecho a voto", insistió entonces el jefe de la oposición. Isabel Díaz Ayuso fue un paso más allá y puso el foco en los diplomáticos que pudiesen tramitar dichas nacionalizaciones: "Cada cónsul y cada funcionario que otorgue la nacionalidad a quien no la merece ha de saber que también estaría haciendo algo ilegal. Y ahí queda nuestro aviso". El PP criticó entonces las "pocas garantías" del texto y habló de "nacionalizar a socialistas", rechazando de lleno la disposición adicional octava de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática, una disposición que no pidió suprimir -de manera íntegra- durante la tramitación de la norma en el Congreso.

La Junta Electoral Central (JEC) no paralizó las altas de nuevos votantes en el censo, como pedía Iustitia Europa. El partido ultra recurrió entonces al Tribunal Supremo, que viene de confirmar su decisión de suspender -cautelarmente- el voto de las 163.000 personas que podían ser nacionalizadas por esta vía en plena carrera de los partidos hacia el 29N. Alberto Núñez Feijóo ha celebrado este lunes la decisión de los magistrados y valoró que hayan "antepuesto el bien común" para "poner límite a la irresponsabilidad" del Gobierno. El PP obvia un antecedente que se produjo durante el primer Gobierno de Mariano Rajoy, cuando se aprobó la Ley 12/2015. La norma vio la luz en la antesala de un ciclo electoral y permitió la nacionalización específica de 74.543 sefardíes entre 2016 y 2026, según datos del Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes consultados por Público.

El PP y la "reparación" con los sefardíes​

El Gobierno de Mariano Rajoy aprobó en junio de 2015 una ley para conceder la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España, es decir, los descendientes de los judíos que fueron expulsados del país en el siglo XV. "Estamos reparando una deuda histórica con las comunidades alubias que estaban aquí desde hacía casi dos mil años y que protagonizaron probablemente los periodos de convivencia más brillantes de nuestra historia (...), que han sabido, después de la diáspora, en quinientos años, mantener el amor, las tradiciones y la lengua que les unen a España", defendió durante el pleno en el que se ratificó el texto el entonces ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo. "Si el 1 de enero de 1492 se cerró una puerta para miles de españoles que fueron forzados a dejar de serlo, ahora concluye la tramitación parlamentaria de una ley que, cuando entre en vigor, (...) volverá a abrir una puerta para todos los descendientes de aquellos que fueron tan injustamente expulsados de España", reivindicó el titular de Justicia, Rafael Catalá. El PSOE respaldó la aprobación definitiva del texto, pese a votar en contra de algunas de las enmiendas y mostrarse partidario de incluir también -sin éxito- a los ciudadanos de origen saharaui.

El PP no habló entonces de "ingeniería electoral" ni sembró dudas sobre la compra de votos. Y eso que hubo elecciones generales en diciembre de 2015, con su correspondiente repetición en junio de 2016, además de convocatorias autonómicas en Galicia o Euskadi. La medida lleva en vigor más de una década y ha permitido -hasta la fecha- la nacionalización de 74.543 sefardíes, según datos del Ministerio de Justicia a los que ha tenido acceso Público. El grueso de las solicitudes se resolvieron favorablemente entre 2020 y 2022, con un total de 59.373 descendientes de judíos nacionalizados. El año pasado recibieron el pasaporte español 1.126 nuevos sefardíes. Y en lo que va de 2026, otro centenar. El 29N todos ellos podrán hacer uso de su derecho a voto. Mientras, los descendientes de los exiliados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista ven suspendido -de manera cautelar- el sufragio que les reconoció en 2022 la Ley de Memoria Democrática.

¿Qué dice la Ley 12/2015?​

La citada norma establece un procedimiento de concesión de la nacionalidad española -a través de la carta de naturaleza- para los sefardíes cuyos antepasados fueron expulsados de nuestro país en 1492. El Gobierno de Mariano Rajoy acordó entregarles el pasaporte sin que tuvieran que renunciar a su nacionalidad y sin exigirles residencia legal en España, es decir, casi en los mismos términos que establece la llamada ley de nietos que impulsó hace cuatro años el Ejecutivo de Pedro Sánchez. La mayor parte de las solicitudes de sefardíes han llegado de países como Colombia, México, Venezuela o Argentina, según las estadísticas elaboradas por el Ministerio de Justicia. América Latina también concentra al grueso de los descendientes del exilio franquista a los que el Tribunal Supremo ha suspendido cautelarmente el voto para el 29N.

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El texto para conceder la nacionalidad a los descendientes de los hebreos expulsados de España en el siglo XV contempla una serie de documentos "probatorios" para acreditar "la condición de safardí", entre ellos, el certificado de un rabino "reconocido legalmente" en el país de residencia de los solicitantes y la acreditación del "uso como idioma familiar del ladino", lengua que procede del castellano medieval y que empezaron a hablar los judíos tras su salida de la Península Ibérica. La norma establece además que los interesados en obtener el pasaporte por esta vía tendrán que acreditar la "especial vinculación" con España mediante "certificados de estudios de historia y cultura expedidos por instituciones oficiales o privadas", además, tendrán valor cuestiones como la realización de "actividades benéficas, culturales o económicas" a favor de personas e instituciones nacionales o su "inclusión" en las "listas de familias sefardíes protegidas por España".

La Ley 12/2015 exige asimismo la superación de una prueba de evaluación de conocimientos básicos en Lengua y otra en la que se pondrán a prueba temas relacionados con la cultura, la realidad social y la Constitución Española. El Instituto Cervantes fue -en su momento- la institución designada para "diseñar" y administrar ambos test. Los solicitantes procedentes de países de habla hispana quedan -según el texto- "exentos" de la prueba relativa al idioma. El Gobierno de Mariano Rajoy propuso que el "procedimiento de concesión" de la nacionalidad para los sefardíes fuera de gestión "electrónica". Las autoridades españolas denegaron en los diez años que lleva vigente la norma 7.344 solicitudes y archivaron 861, además de las que -todavía- tiene pendientes de resolver. El Consejo General del Notariado ha recibido 153.774 peticiones de descendientes de judíos que reclaman el pasaporte español entre 2015 y 2026, tal y como ha comprobado Público.

El bloqueo de los jueces al voto del exilio franquista​

El Tribunal Supremo ha rechazado este lunes -festivo- la posibilidad de que puedan votar en las próximas generales los 163.000 españoles nacionalizados mediante la llamada ley de nietos, una disposición de la Ley de Memoria Democrática que otorga la nacionalidad española a los descendientes de exiliados por motivos políticos, ideológicos o de orientación sensual durante el franquismo y la Guerra Civil. Los magistrados atienden así a la petición de Iustitia Europa y Vox, que decidieron judicializar el caso tras intentarlo -inicialmente y sin éxito- en la Junta Electoral Central. El Alto Tribunal considera que debe prevalecer la integridad del censo y del proceso electoral sobre el ejercicio -provisional- del derecho a voto. La decisión cuenta con el voto particular de la magistrada María Alicia Millán Herrandis, que considera que la convocatoria del 29N incorporó "un elemento nuevo y decisivo", advirtiendo del riesgo de que se produzca una "lesión definitiva e irreversible" sobre la participación democrática en España.

 

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