La riqueza media sube, la mediana se desploma: el espejismo de la clase media
El último informe de UBS sobre la riqueza global encierra una paradoja demoledora: la riqueza media (impulsada por los ultrarricos) no deja de crecer, mientras la riqueza mediana —la que realmente refleja al ciudadano de a pie— cae en media docena de países desarrollados. España, Estados Unidos, Alemania y Reino Unido encabezan la lista de naciones donde la clase media se está evaporando, según el documento.
La explicación que emerge del análisis económico apunta a un viejo conocido: el efecto Cantillon. La expansión monetaria de los bancos centrales no riega por igual; el dinero nuevo llega primero a estado, bancos e inversores, inflando activos (bolsa, oro, inmuebles) antes de que toque la economía real. El resultado es una transferencia sistemática de riqueza desde abajo hacia arriba. Tan simple como brutal.
La vivienda, el activo estrella que devora a sus inquilinos
Uno de los debates más ácidos se centra en la vivienda. Por su condición de bien de primera necesidad y su inmovilidad, se ha convertido en el activo favorito del inversor y del fisco. Los cálculos disponibles muestran que mientras la riqueza mediana cae en España, el porcentaje de propietarios sigue alto, lo que maquilla las cifras. Pero la tendencia es clara: quien no tiene vivienda en propiedad, sencillamente se queda fuera del reparto.
La alternativa de Singapur —con un sistema de vivienda pública que logra un 90% de propietarios— se cita como contraejemplo de que se puede hacer mejor. Sin embargo, el consenso pesimista sostiene que el sistema está diseñado para que el ladrillo no deje de subir, condenando a las nuevas generaciones a alquileres estratosféricos o a la cohabitación forzosa.
La ironía final: mientras los grandes patrimonios marcan récords, la clase media descubre que ya es, estadísticamente, la nueva clase pobre. Pregunta abierta: ¿cuánto tiempo puede aguantar una sociedad sin su columna vertebral?