Va a Filipinas con 300 euros: ¿genio o temerario?
Un creador de contenido, que ya sorprendía a sus seguidores desde una autocaravana con huertos, ha dado el salto: deja España y se instala en Filipinas con 300 euros al mes. La cifra, imposible para la vida española, ha reabierto dos preguntas: ¿es un visionario o un inconsciente? Y de paso, qué dice eso de la sanidad y el coste de vida en España.
El argumento de los que apoyan la mudanza se apoya en la sanidad. La crítica al sistema público es feroz: esperas interminables, médicos desbordados y farmacias que exigen receta hasta para un jarabe. En Filipinas, se argumenta, compras el medicamento que necesitas a precio de saldo, sin el monopolio de las grandes cadenas. La otra cara: ser diabético en un país con asistencia sanitaria limitada no es lo mismo que hacerlo con 40 años y buena salud. El primer resfriado serio o una pierna rota pueden convertir la aventura en pesadilla.
Luego está el factor personal. Quienes le conocen de su época en la autocaravana describen a un superviviente nato, orgulloso de su vida austera. Otros recuerdan su perfil peculiar y avisan: el campo filipino no es un parque temático, y sin contactos locales ni conocimiento del idioma, los precios reales poco tienen que ver con los de un vídeo de YouTube. El consenso, escaso: con 300 euros se puede vivir, pero solo si aceptas el mismo nivel que un trabajador local. Eso implica renunciar a casi todo lo que la pensión media española da por descontado.
El experimento, de momento, está en marcha. O acabará como una anécdota exótica o como el manual del buen expatriado. La prueba de fuego no será el precio del arroz, sino la primera noche en un hospital.