Drones ucranianos salidos de camiones golpean la aviación estratégica rusa
El primer día de junio de 2025, drones de las Fuerzas Armadas de Ucrania atacaron varias regiones de Rusia. La novedad no fue el ataque en sí, sino el método: según los habitantes de las regiones de Múrmansk e Irkutsk, los aparatos salieron volando de un camión. Y el alcance: por primera vez se golpeó la región de Irkutsk, en Siberia, a miles de kilómetros de la frontera. El objetivo declarado era la aviación estratégica rusa, los bombarderos de largo alcance que llevan desde 2022 lanzando misiles contra ciudades ucranianas.
La cifra es el campo de batalla. Las autoridades ucranianas afirmaron haber destruido
41 aviones rusos. Las imágenes por satélite difundidas en las horas siguientes confirmaban, según las primeras estimaciones publicadas, al menos
13 aeronaves destruidas, entre ellas bombarderos diseñados para ataques nucleares como los Tu-95 y Tu-22. El New York Times, citando a funcionarios de seguridad estadounidenses y europeos, elevaba la cifra a alrededor de
20 aviones con daños graves, incluidos seis Tu-95, cuatro Tu-22M y un avión de detección y control radar A-50. El daño estimado superaba los
2.000 millones de dólares.
Qué se sabe del ataque con drones lanzados desde camiones
El modus operandi descrito en las crónicas rusas tiene una lógica casi de película de espías. Los drones viajaban apagados dentro de camiones alquilados. Solo el dispositivo de activación iba encendido. Al llegar a la zona asignada, un geofence los despertaba, encendía el dron, el 4G y el GPS. A partir de ahí, la inteligencia artificial y la telemetría hacían el resto. Una hipótesis que circula entre analistas técnicos apunta a que los operadores enviaban instrucciones e imágenes a través de la propia red móvil rusa, con latencia de segundos, y se sentaban a mirar el resultado en una pantalla.
La precisión del golpe ha sorprendido incluso a los más escépticos. Un vídeo difundido muestra a un dron ucraniano usando inteligencia artificial para elegir el punto débil de un bombardero estratégico ruso y destruirlo. Otro muestra a uno de los camiones autodestruyéndose, con una persona aparentemente en su interior. La operación, según las informaciones publicadas, se coordinó contra cuatro bases aéreas en profundidad, con hasta 40 aviones alcanzados, incluidos A-50 de alerta temprana, Tu-95 y Tu-22 de largo alcance.
La reacción de la prensa rusa: de la sorpresa al relato del camión
La prensa rusa no ocultó el golpe. «Ataque inesperado: drones atacan instalaciones militares en la retaguardia profunda», titulaba un medio. «Las explosiones retumban en muchas regiones de Rusia. Drones ucranianos han atacado inesperadamente instalaciones militares en la retaguardia profunda. Según los habitantes de las regiones de Múrmansk e Irkutsk, los drones salieron volando de un camión». El gobernador Kobzev confirmó que una unidad militar en la región de Irkutsk fue atacada por drones.
El Kremlin, según las crónicas publicadas, acusó a los ucranianos de cruzar supuestas líneas rojas. La respuesta oficial insistía en el detalle del camión alquilado por un ciudadano ucraniano. Para una parte del análisis, esa explicación es una cortina de humo: si los drones salieron de camiones en la retaguardia profunda, el problema no es el camión, es que Rusia ha perdido el control del espacio aéreo en su propio territorio. La fuerza aérea rusa, sostienen, está diezmada y los sistemas antiaéreos, destrozados.
El impacto militar: qué supone perder 40 bombarderos estratégicos
Si se confirma la cifra ucraniana de 41 aviones destruidos, Rusia se habría quedado sin un tercio de sus aviones estratégicos para ataques de largo alcance en una sola mañana. La comparación que circula es contundente: es más de lo que Estados Unidos logró en 50 años de Guerra Fría. Los Tu-95 y Tu-22 son plataformas de lanzamiento de misiles de crucero; los A-50 son los ojos del espacio aéreo ruso, aviones de detección y control radar de los que quedaban muy pocos. Cada unidad perdida no se repone: la producción de bombarderos estratégicos es lenta y costosa.
El coste de la operación, en cambio, fue ridículo. Drones comerciales, camiones alquilados, inteligencia artificial y una red móvil ajena. La asimetría es brutal: 2.000 millones en material destruido por unos miles de euros en aparatos. Esa es la lección que están sacando los analistas militares de todo el mundo. Los protocolos de seguridad de cualquier instalación militar, incluida la retaguardia más profunda, acaban de quedar obsoletos.
El debate sobre la autoría: ¿Ucrania sola o la OTAN detrás?
Aquí es donde el análisis se parte. Una corriente sostiene que este ataque es de la OTAN, no de Ucrania. El argumento: Ucrania ha demostrado resiliencia, pero la OTAN juega con fuego haciendo ataques encubiertos, y esto puede acabar mal. La misma lógica advierte de la simetría: igual que un proxy ucraniano pone su firma en un ataque con drones sobre bases rusas, un proxy de otro signo podría poner la suya en un ataque con drones sobre bases nucleares de la OTAN en Europa. Los drones, vienen a decir, dan mucho juego para todos.
En el otro extremo, la lectura es distinta: si la OTAN estuviera en guerra contra Rusia, el conflicto habría acabado hace años. Ucrania lleva tres años aguantando con inferioridad en números, calidad de equipamiento y experiencia militar, y aun así da golpes de mano como este. La comparación histórica que se cita es Pearl Harbour, pero invertida: allí Japón agredió a Estados Unidos; aquí Rusia agrede a Ucrania y Ucrania se defiende. La diferencia, subrayan, es que el objetivo eran bombarderos, no personas.
Lo que viene después: drones, protocolos y negociaciones
El ataque llega en un momento delicado. Ucrania informó a Trump antes de atacar a unos 40 aviones militares rusos, incluidos bombarderos estratégicos, según Axios. El periódico de cabecera del expresidente, Fox News, titulaba que el ataque «humilla a Putin e incendia decenas de bombarderos rusos». Que ese medio publique eso, sostienen algunos análisis, indica que la acción ha impactado en la cúpula republicana. Y hay quien lo lee como un mensaje de cara a las negociaciones: a Putin hay que hablarle en su idioma.
La consecuencia más citada no es militar, es doctrinal. Con la hipótesis drones habría que cambiar todos los protocolos de seguridad de casi todo, incluido el de un vuelo comercial cualquiera. Los rusos no pueden estar en misa y repicando: si no es una guerra formal y hay libre tránsito, tienen que tragar con el libre tránsito, y eso lo aprovecha la otra parte para ataques de todo tipo. La pregunta que queda en el aire no es cuántos aviones ardieron, sino cuántos países están ahora reescribiendo sus manuales de defensa aérea con un rotulador rojo.
Datos clave
- 41 aviones rusos destruidos según las autoridades ucranianas
- 13 aviones destruidos confirmados por imágenes de satélite en las primeras horas
- 20 aviones con daños graves según el New York Times, incluidos 6 Tu-95 y 4 Tu-22M
- 2.000 millones de dólares en daños estimados
- 4 bases aéreas rusas atacadas en profundidad