Bloqueos de La Liga: miles de comercios dañados y el Congreso calla
¿De verdad PP y Vox han priorizado el daño económico de La Liga al que sufren decenas de miles de comercios con cada corte de internet? La pregunta sobrevuela el debate económico desde que los bloqueos de las retransmisiones empezaron a tumbar webs que no tienen nada que ver con el fútbol. Un juzgado catalán respaldó el mecanismo, pero la factura la pagan terceros.
Un martillo hidráulico para cancelar moscas
La mecánica es conocida: durante los partidos, La Liga, con Javier Tebas al frente, pide a las operadoras, de Movistar a Orange, bloquear las IP desde las que se emiten señales piratas. El problema es que no se afina. Se bloquean rangos enteros de direcciones y, de paso, caen sistemas de distribución de contenido como Cloudflare, que según las estimaciones que circulan en el análisis técnico mueve la mitad del tráfico mundial de internet. Webs de tiendas, pasarelas de pago y servicios en la nube quedan temporalmente inaccesibles. No es un efecto colateral menor: es el cierre de un negocio en plena jornada laboral.
La pelea política: nadie quiere el gol en propia puerta
Sobre la autoría política no hay acuerdo, y el cruce de acusaciones es intenso. Hay quien sostiene que PP, Vox y Junts votaron en contra de una reforma legal que habría limitado estos bloqueos, y que los partidos de derecha callan por afinidad con los dueños del negocio futbolístico. La respuesta no se hace esperar: quien gobierna es el PSOE, que tiene los instrumentos para cambiar la ley y no lo hace; los bloqueos los ordena un juez, y echar la culpa a la oposición es un ejercicio de cinismo. En el medio, una corriente más escéptica recuerda que el verdadero problema no es la piratería, sino un modelo que gasta decenas de millones en fichajes mientras pide al aficionado 100 euros al mes.
El fútbol, la VPN y el comercio que paga el pato
La discusión sobre las VPN añade más leña. Quien quiere ver fútbol pirateado lo seguirá viendo desde el extranjero o con una herramienta de enrutado; bloquear no lo impide, solo molesta al resto. La comparación con China planea sobre el análisis: allí se bloquea para proteger una industria tecnológica propia; aquí se bloquea para blindar un negocio privado con sobrecostes. Mientras tanto, los comercios afectados acumulan daños y las responsabilidades se diluyen entre jueces, operadoras y partidos.
Y mientras el Congreso no mueve ficha, el fútbol sigue en abierto para quienes saben usar una VPN. Los que no, pagan la entrada. Y el pequeño comercio, sencillamente, se apaga durante el partido. De momento, la liga va ganando: cero goles en contra, muchos comercios en fuera de juego.