El título de FP no basta: lo que dicen los que ya trabajan
¿De verdad sirve estudiar? La pregunta la lanza alguien que lleva años en paro y está a punto de empezar una FP superior de ASIR. Su miedo no es suspender: es terminar con el título y seguir exactamente igual. «Voy a seguir igual de parado, me saque todas las certificaciones que hagan falta», escribe. No es un caso aislado. En una economía donde varios participantes sostienen que el enchufismo funciona como moneda de cambio, la formación reglada se percibe cada vez más como un peaje caro y lento.
El mercado laboral español tiene una contradicción que no cuadra: sobran candidatos con título y faltan empresas dispuestas a formar. La experiencia de quienes ya han pasado por el aro apunta a un patrón: el título abre la puerta de las prácticas, pero lo que decide si te quedas es otra cosa.
Qué dicen los que ya han pasado por las prácticas
La FP tiene una parte que no aparece en los folletos: las prácticas en empresa. Ahí es donde se juega buena parte de la empleabilidad. Un participante lo cuenta sin adornos: hizo una FP de administrativo, entró de prácticas y la empresa lo contrató. Su conclusión es que
cuesta mucho encontrar gente que trabaje bien, así que si en las prácticas ven que curras y te lo tomas en serio, lo normal es que te quieran retener.
Pero no siempre sale bien. Otro caso relata tres prácticas de tres FP distintas, una de ellas con un trato que le llevó a decir que no se quedaba. Otra acabó en un contrato en prácticas cobrando una miseria, y al poco la empresa entró en quiebra. Incluso en época de burbuja, dice,
ya era todo precario: echar horas como un cabrón y a veces ni eso.
La conclusión que se repite: las prácticas son el único filtro real. Si no destacas ahí, el título se queda en papel mojado.
El enchufismo como puerta de entrada real
La teoría del esfuerzo choca con una realidad incómoda. Varios mensajes apuntan a que el acceso a muchos puestos, incluso los más básicos, depende de contactos. En un hipermercado, cuenta un trabajador, antes podías recomendar a un colega para un puesto de repositor; ahora
los jefes y encargadillos enchufan a sus hijos para que se ganen unas perrillas.
La recomendación que se repite es clara: haz muchísimos amigos y conocidos, halaga a la gente —incluso cuando sabes que es falso, porque está estudiado que funciona—, manda currículums sin parar y persevera. Cinco pasos que suenan a manual de autoayuda, pero que en la práctica muchos identifican como el método real.
Hay quien matiza: sin enchufe se puede entrar en una empresa «guarra» haciendo lo tuyo, y con mucha suerte en una multinacional extranjera. Pero lo que de verdad marca la diferencia, sostiene otro, es ser un trepa.
Los trepas ascienden rápido y se colocan bien.
La saturación del mercado tecnológico
Para quien piensa en ASIR o en cualquier FP de informática, el aviso es serio. Un mensaje lo resume: si quieres trabajo después de un módulo superior de informática,
ya puedes estar entre los dos o tres primeros de tu clase, deslomarte en las prácticas —a ser posible en una empresa grande o muy grande— para que te cojan, y rezar mucho. Si haces la FP sin pena ni gloria, no pierdas el tiempo: el mercado está saturado.
El diagnóstico se extiende a la actitud. Se argumenta que el mercado está lleno de gente que solo quiere cobrar un salario sin importarle nada más, con cero vocación, que a la mínima se escaquea. La receta que se propone es escapar de ahí poniendo calidad en lo que se hace y reclamando después que se valore.
El papel del entorno y la herencia de posiciones
Una de las tesis más repetidas es que la mayoría empieza a trabajar por su entorno. Mucha gente estudia en base a lo que tiene alrededor, o directamente no estudia y hereda posiciones. España, se dice, es un país donde es bastante sencillo hacerte una vida si optas por no moverte mucho y tirar de lo que conoces: el empleo de papá y mamá, los conocidos.
La alternativa para quien no tiene ese colchón es otra: meterse en una plaza donde el acceso tenga aún algo de mérito, como la sanidad o las oposiciones. Si eres un descastado de hecho —hijo de empleados mileuristas, por ejemplo—, empleo sanitario y opos es casi la única manera de prosperar.
La conclusión de este análisis es incómoda:
estudiar por estudiar es inútil en España. Lo que sirve es estudiar para algo concreto, con salida y con un plan.
La alternativa de no estudiar y el espejismo de los oficios
No falta quien defiende que el título no es la única vía. Un participante cuenta que, de sus amigos, los que tienen mejores trabajos y ganan más son los que no estudiaron nada: empezaron a trabajar con 15 o 16 años, pillaron experiencia y llevan toda la vida en la misma empresa, mejorando y ganando un buen sueldo.
Otros apuntan a los oficios:
si te haces fontanero, escupes billetes por la boca, resume uno. La hostelería, la gastronomía o la podología también aparecen como salidas con demanda. Y para quien quiera salir de España, se mencionan los planes para hacer FP en Europa: sacarse la FP más el idioma y salir con contrato en una empresa alemana o similar.
Pero el escepticismo pesa. La pregunta inicial sigue sin respuesta: si llevas años en paro, ¿cambiará algo al terminar? La ironía final la firma quien dice que el título ya no asegura una vida de marqués, y que ahora hay millones con títulos compitiendo por lo mismo.
Al final, la respuesta más honesta es la que no cierra nada: el título sirve, pero no basta. Y el que diga lo contrario, probablemente tenga enchufe.