El coste de apoyar a Ceuta: la etiqueta de nazi como arma política
En plena crisis migratoria de Ceuta, cuando decenas de miles de personas cruzaron la frontera, un fenómeno paralelo se desató en el debate público: cualquiera que expresara apoyo a la ciudad autónoma se convertía automáticamente en sospechoso de simpatías totalitarias. La etiqueta de "nazi" se ha banalizado hasta el punto de que defender la soberanía española en el norte de África se equipara con el fascismo. ¿Qué hay detrás de esta operación de desprestigio?
Terrorismo semántico: cuando las palabras dejan de significar algo
El concepto de "nazi" ha sido vaciado de su contenido histórico para convertirse en un comodín descalificativo. Se argumenta que la manipulación del lenguaje es una técnica de control mental: si cualquier posición crítica con el relato oficial puede ser etiquetada como fascista, entonces nadie se atreve a cuestionar nada. Esta estrategia no es nueva, pero ha alcanzado un nivel de sofisticación tal que términos como "facha", "nazi" o "derechista" se usan indistintamente, sin ningún rigor histórico.
La paradoja es que el mismo mecanismo se aplica a colectivos que nada tienen que ver con el fascismo. Los refugiados ucranianos, por ejemplo, también han sido etiquetados como "nazis" en ciertos discursos, lo que demuestra que la etiqueta no describe una ideología, sino que sirve para desactivar cualquier posición incómoda.
La indefensión aprendida: el mecanismo psicológico que explica la pasividad
El concepto de "indefensión aprendida", acuñado por Martin Seligman, describe la condición de quien ha aprendido a comportarse pasivamente ante situaciones adversas, incluso cuando existen oportunidades reales de cambio. Este fenómeno se ha aplicado al análisis de la sociedad española: desde la infancia se enseña a no responder, a no defenderse, a delegar en la autoridad. El resultado es una población que acepta la etiqueta de "nazi" sin rechistar, que se disculpa por defender sus propias fronteras.
La comparación con la respuesta ciudadana en Valencia tras el abandono del gobierno es reveladora. Mientras allí los vecinos cogieron las escobas y barrieron las calles, en Ceuta se espera que el Estado actúe. La diferencia de actitud muestra dos modelos de ciudadanía: uno pasivo y otro activo. Pero el activo también es criminalizado.
¿Qué significa realmente apoyar a Ceuta?
La pregunta que surge es qué implica "apoyar a Ceuta". No se trata de ponerse una banderita, sino de una posición política concreta. Los datos son contundentes: 80.000 personas entraron en la ciudad durante la crisis migratoria, y se habla de 34.000 individuos que permanecen en ella. Cualquier país serio habría actuado con contundencia, pero el gobierno optó por la pasividad.
En este contexto, la declaración de persona non grata a Santiago Abascal por parte del Pleno de Ceuta en julio de 2021, con la abstención del PP, es un hito que muestra cómo las instituciones locales se alinean con el relato oficial. Abascal había denunciado que parte de la población ceutí actuaba como "quinta columna" de Mohamed VI, y fue recibido con intentos de asalto a su hotel.
La paradoja final
La situación es un callejón sin salida: si no apoyas a Ceuta, te acusan de abandonar a los españoles; si la apoyas, te llaman nazi. La etiqueta sustituye al argumento, y el debate se convierte en un intercambio de insultos. Mientras tanto, la crisis migratoria sigue sin resolverse, y la ciudadanía se pregunta qué significa realmente ser español en el siglo XXI.