Celebrar la muerte de otros: el catártico desahogo que algunos confiesan en redes
¿Alguna vez te has alegrado de la muerte de alguien? La pregunta, lanzada en un hilo de discusión, ha cosechado respuestas que van desde el ajuste de cuentas político hasta la venganza personal más íntima. El fenómeno, lejos de ser marginal, revela una grieta en el tabú social: la muerte ajena como satisfacción.
Entre las menciones más recurrentes aparecen figuras históricas como Henry Kissinger –con la coletilla de que dejó el manual para los siguientes– y el polémico Juan Ignacio Blanco, cuyo fallecimiento reactivó el mito de la cinta snuff de Alcàsser. También asoman nombres del cine español, como Alfredo Landa, y dardos contra personajes anónimos que aún viven (“los muy hijos de puta”).
La muerte como liberación personal
No todo es política o famosos. Algunas confesiones bajan a lo doméstico: un genocidio de termitas en casa, un instituto donde se desea ver caer a la escoria. La satisfacción de un trabajo bien hecho –exterminar una plaga– se codea con fantasías de venganza contra matones de adolescencia. La muerte, real o simbólica, aparece como un punto final a conflictos enquistados.
El humor negro como válvula de escape
La mayoría de las respuestas se envuelven en ironía y exageración. Desde la frase “De la de tu puta madre” hasta el inevitable “Dos demonios pero no se mueren”, el hilo respira un humor ácido que rozaría lo macabro si no fuera porque el propio contexto lo desdramatiza. Hay quien incluso admite que no se entera de las muertes de los demás porque no le interesan, lo que introduce un contrapunto de indiferencia.
En un mundo donde el duelo se mercantiliza y las condolencias se fabrican, este tipo de confesiones anónimas destapan la verdad incómoda: la muerte ajena también puede ser un alivio. Y en internet, al menos, se dice sin tapujos.
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