El debate sobre las estelas y las lluvias récord
Durante meses, parte de España ha levantado la vista y no ha encontrado nada. Ni una raya. El cielo que en 2022 amanecía cruzado por decenas de trazos blancos se ha quedado limpio, según los relatos recogidos, sobre Barcelona y el Noreste peninsular. Y en paralelo, según el mensaje que abrió el hilo, los embalses han pasado de la sequía a cifras de lluvia récord. La coincidencia ha reabierto una discusión vieja: si las estelas se han apagado, ¿las estaba encendiendo alguien?
El punto de partida es una observación rastreable. Quien mira al cielo a diario lleva dos años notando que falta algo: no solo las
estelas químicas que denuncia la hipótesis conspirativa, también las de condensación de toda la vida, esas que cualquier avión dejaba a gran altitud y que se mantenían, se ensanchaban y acababan formando una neblina alta. En el verano de 2022 la cosa se cortó de golpe. Desde entonces, dicen los observadores, se ven muchas menos.
¿Han desaparecido las estelas de los aviones en España?
La respuesta corta es que dependen de dónde se mire. En Barcelona centro se reportan meses enteros con «ni un avioncito», y lo mismo desde el Noreste y desde Mendoza, donde se afirma haber pasado una semana sin una sola estela. El contraste llega del otro extremo: en
Málaga hay quien habla de un goteo continuo, día sí y día también, y lo atribuye a la temperatura del mar y a las corrientes del Estrecho. La geografía pesa más de lo que parece.
También hay quien sostiene que el fenómeno se ha reanudado. A finales de mayo de 2025, una cuenta de seguimiento publicaba imágenes desde Barcelona con el cielo «completamente destrozado» por estelas que se expandían por todo el firmamento. La contrarréplica es que nunca desaparecieron del todo: bajaron de cadencia y punto.
¿Por qué unas veces hay estelas de condensación y otras no?
La explicación estándar es que una estela se forma cuando el aire a gran altitud combina temperatura muy baja y humedad suficiente. El vapor del motor actúa de núcleo y cristaliza en hielo. De ahí que lo que se vea desde el suelo diga poco: lo que decide es lo que ocurre a
32.000 pies.
Una objeción frecuente es la de Helsinki. Un observador cuenta que pasó horas en pista, con cinco grados bajo cero y una
humedad relativa del 87%, viendo despegar aviones que se perdían entre las nubes sin dejar rastro visible. Si los tres factores están ahí, ¿por qué no se ve nada? La respuesta técnica es que la humedad que importa no es la de superficie y que el aire ártico suele ser seco en altura, justo lo contrario que el aire cálido del Mediterráneo, donde las condiciones para estelas persistentes se dan con más facilidad.
Lo que no resuelve esa explicación es el otro extremo del asunto: por qué dejaron de verse incluso las estelas que, sobre el papel, deberían estar garantizadas en una atmósfera saturada.
De la sequía al récord de lluvias
El segundo ingrediente del relato es meteorológico y sí tiene datos públicos, con los
embalses como termómetro: según el mensaje inicial, España pasó de la sequía a un paraíso verde con cifras de precipitación récord. En 2022 la situación era la contraria, un verano de
40 grados permanentes a la sombra y 30 grados nocturnos que, según los propios relatos, impedía dormir sin aire acondicionado.
Hubo una explicación alternativa para aquel calor, y no era ninguna conspiración: la erupción del volcán Hunga Tonga, que inyectó vapor de agua en la estratosfera y pudo alterar el balance térmico de los meses siguientes. Conviene separar tres cosas que en esta discusión van siempre de la mano: observaciones, física atmosférica y ganas de encontrar un culpable.
Geoingeniería, patentes de 1951 y quién paga la fiesta
La geoingeniería existe. No es un invento de internet: la propia normativa contempla la modificación artificial de la lluvia y hace décadas que se discute su encaje legal. Se cita incluso una
patente de 1951 registrada por dos ex pilotos de la marina estadounidense, Harvey M. Brandau y Eugene K. Kooser, para dispersar sustancias y modificar el tiempo atmosférico. De ahí a que cada raya del cielo sea un producto químico hay un salto que el material disponible no sostiene.
El argumento económico que más circula en contra de la hipótesis conspirativa es el del coste: mantener depósitos gigantes y vuelos carísimos para quitar nubes no cuadra con ninguna cuenta de resultados. La contrarréplica es que esa factura la paga el contribuyente.
Lo que sí habría cambiado, según varias versiones, es quién financia. Se menciona el
cierre de USAID y el hecho de que un gran fondo de inversión estadounidense habría dejado de poner dinero como causas del descenso de estelas, coincidiendo en el tiempo con un cambio de ciclo político en Washington.
¿Se puede modificar la lluvia legalmente en España?
En España, la modificación artificial de la lluvia no es libre. La normativa de aguas reserva la fase atmosférica del ciclo hidrológico a la Administración del Estado o a quien esta autorice, con aprobación previa del ministerio competente a propuesta del organismo de cuenca y informe del servicio meteorológico. Existe un marco, existen autorizaciones y existen proyectos.
Que la ley contemple la modificación artificial de la lluvia no demuestra que cada trazo blanco sea un aerosol, pero desmonta la idea de que el asunto sea ciencia ficción administrativa.
La pregunta que sigue abierta
Los embalses están llenos, el cielo está más limpio de lo habitual y nadie ha dado una explicación que encaje con todas las observaciones a la vez. Puede que sea la atmósfera, puede que sea el tráfico aéreo y puede que sea la suma de las dos cosas. Lo cierto es que el asunto lleva dos años sin cerrarse. ¿Por qué el cielo se comporta ahora de forma tan distinta a la que muchos recuerdan?