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De Ejpain se descorazona hasta…
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La capacidad de España para controlar sus fronteras fue cuestionada el 30 de julio, cuando miles de personas accedieron a Ceuta y Melilla. Esto expuso una vulnerabilidad estructural y una dependencia geopolítica de Marruecos.
El 30 de julio de 2023 se vivió un episodio que puso en evidencia la fragilidad de las fronteras españolas, concretamente en Ceuta y Melilla. Miles de personas lograron acceder a territorio español, desbordando los dispositivos de control. Este evento no fue un ataque militar, sino una demostración de cómo la presión migratoria, cuando es sostenida y numerosa, puede hacer "evaporarse" una frontera que hasta entonces parecía firme. La imagen proyectada fue la de un país incapaz de mantener la autoridad territorial ante un empuje masivo.
La frontera española, más allá de las vallas, policías y cámaras, se sostiene en la percepción del otro lado: la creencia de que cruzarla es difícil o imposible. El incidente del 30 de julio envió un mensaje contrario: "Si vienen muchos a la vez, nos saturamos y nos rendimos". Esta situación no solo la observan quienes intentan entrar, sino también organizaciones criminales, gobiernos vecinos y servicios de inteligencia, que evalúan la capacidad de control territorial de un Estado. La facilidad con la que miles de personas superaron los controles, comparada con la rigidez burocrática interna para trámites cotidianos, subraya una desconexión entre la autoridad ejercida hacia dentro y la que se demanda en situaciones límite en las fronteras.
La situación de Ceuta y Melilla se agrava por su dependencia geopolítica de Marruecos. España ha mantenido una relación de cooperación y de "socio estratégico" con Marruecos, pero la eficacia de sus fronteras en el sur depende en gran medida de la voluntad marroquí de contener los flujos migratorios. Cuando esa contención se reduce, la presión sobre las fronteras españolas aumenta drásticamente. El 30 de julio se evidenció que la robustez aparente de la frontera española era, en gran medida, un decorado, cuya estabilidad dependía de factores externos que podían cambiar en cuestión de horas.
La capacidad de un Estado para decidir quién entra en su territorio y bajo qué condiciones es un pilar fundamental de su soberanía. Cuando el número de personas que intentan cruzar supera la capacidad operativa y la voluntad de actuar de forma contundente, el problema deja de ser meramente migratorio y se convierte en una cuestión de soberanía. El incidente del 30 de julio en Ceuta y Melilla mostró que, si bien España posee una frontera legal, su frontera real, aquella que ejerce autoridad efectiva ante la presión, se disuelve. Esta falta de autoridad inmediata y visible ante situaciones extremas, prefiriendo la duda y el titubeo antes que la acción decidida, es lo que genera la humillación y la percepción de debilidad.
De Ejpain se descorazona hasta…