Vlad_Empalador
CORRUPTOR DE MILFOTAS
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David Uclés
Escritor
38
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Lo tiene difícil mi paisano, a no ser que el próximo lunes, en su entrevista a Abascal, se olvide de todo y de todos y sea, sencillamente, él mismo. David es antifascista, cabal, descarado, ingenioso. Debería mirarse al espejo antes de salir al escenario y reconocerse; recordar quién es y no olvidar que no está ahí por su faceta como moderador –que, francamente y con todo el cariño, no es lo que más brilla en él–, sino por haber tenido la valentía y el arrojo, a lo largo de su cada vez más dilatada carrera mediática, de ser él mismo en todo momento. Un lujo que muchos envidian, sobre todo en esta era de sometimiento a la corrección política.
David saldrá airoso si no se calla y pone a su entrevistado frente a sus propias palabras: misóginas, homófobas, racistas, anticonstitucionales, facinerosos, tránsfobas, populistas, antianimalistas, negacionistas e hirientes. Cualquier otro trato sería una profunda decepción para su público. David es consciente y por eso dice sentir cierto vértigo ante el próximo lunes. Imagino que también debe de sentirse algo desorientado, ya que la propia invitación a Abascal —y el hecho de que este la haya aceptado— reabre el viejo debate de si debemos dar voz a todo el mundo o no, sobre todo en los espacios públicos de mayor alcance.
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El presentador de 'La Revuelta', David BroncanoRTVE
La respuesta, sin embargo, es bien sencilla. Abascal tiene derecho a ser entrevistado y el programa, a invitarlo. No hay nada inconstitucional en ello. Otra cosa es el discurso del invitado, sus actos, la política de censura que lleva tiempo aplicando en las comunidades autónomas en las que gobierna y su empeño en derribar leyes que nos protegen como sociedad diversa y heterogénea. ¿Que el invitado dispare balas antidemocráticas es suficiente motivo para no invitarlo? De nuevo, cada cual tiene su propia vara de medir. Yo veo a Abascal y solo veo acelgas por todos lados. Las acelgas que crecen en Jándula cuando se avecina el pavor.
Quienes hemos sufrido bullying durante la infancia recordamos una escena con especial tristeza e impotencia: cuando la profesora –o el profesor– daba la palabra al abusón de la clase para que explicara su versión de los hechos. Aquella sensación de desprotección es difícil de olvidar. Dolía ese ejercicio de aparente neutralidad democrática, cuando los hechos eran más que evidentes. Por eso me duele que se le dé voz al fundador de Vox. Como demócrata, no voy a hacer campaña alguna de derribo contra el programa del lunes. Comprendo las reglas del tablero democrático, por mucho que me pesen. Pero no puedo ocultar mi rabia al ver que se le da voz al fascismo.
Por eso no veré el programa el lunes. Es tal el angustia y el miedo que me transmite ese hombre que no podría hacerlo. Que lo vea quien tenga estómago. Y ojalá David sea, sencillamente, él mismo. Ya ha sido políticamente correcto al extenderle la invitación.
Ahora puede permitirse cualquier tipo de conversación. Que no se olvide de a quién tiene delante.
David Uclés
Escritor
Lo tiene difícil mi paisano
38
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Lo tiene difícil mi paisano, a no ser que el próximo lunes, en su entrevista a Abascal, se olvide de todo y de todos y sea, sencillamente, él mismo. David es antifascista, cabal, descarado, ingenioso. Debería mirarse al espejo antes de salir al escenario y reconocerse; recordar quién es y no olvidar que no está ahí por su faceta como moderador –que, francamente y con todo el cariño, no es lo que más brilla en él–, sino por haber tenido la valentía y el arrojo, a lo largo de su cada vez más dilatada carrera mediática, de ser él mismo en todo momento. Un lujo que muchos envidian, sobre todo en esta era de sometimiento a la corrección política.
David saldrá airoso si no se calla y pone a su entrevistado frente a sus propias palabras: misóginas, homófobas, racistas, anticonstitucionales, facinerosos, tránsfobas, populistas, antianimalistas, negacionistas e hirientes. Cualquier otro trato sería una profunda decepción para su público. David es consciente y por eso dice sentir cierto vértigo ante el próximo lunes. Imagino que también debe de sentirse algo desorientado, ya que la propia invitación a Abascal —y el hecho de que este la haya aceptado— reabre el viejo debate de si debemos dar voz a todo el mundo o no, sobre todo en los espacios públicos de mayor alcance.
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El presentador de 'La Revuelta', David BroncanoRTVE
La respuesta, sin embargo, es bien sencilla. Abascal tiene derecho a ser entrevistado y el programa, a invitarlo. No hay nada inconstitucional en ello. Otra cosa es el discurso del invitado, sus actos, la política de censura que lleva tiempo aplicando en las comunidades autónomas en las que gobierna y su empeño en derribar leyes que nos protegen como sociedad diversa y heterogénea. ¿Que el invitado dispare balas antidemocráticas es suficiente motivo para no invitarlo? De nuevo, cada cual tiene su propia vara de medir. Yo veo a Abascal y solo veo acelgas por todos lados. Las acelgas que crecen en Jándula cuando se avecina el pavor.
Quienes hemos sufrido bullying durante la infancia recordamos una escena con especial tristeza e impotencia: cuando la profesora –o el profesor– daba la palabra al abusón de la clase para que explicara su versión de los hechos. Aquella sensación de desprotección es difícil de olvidar. Dolía ese ejercicio de aparente neutralidad democrática, cuando los hechos eran más que evidentes. Por eso me duele que se le dé voz al fundador de Vox. Como demócrata, no voy a hacer campaña alguna de derribo contra el programa del lunes. Comprendo las reglas del tablero democrático, por mucho que me pesen. Pero no puedo ocultar mi rabia al ver que se le da voz al fascismo.
David saldrá airoso si pone a Abascal frente a sus propias palabras: racistas, misóginas, homófobas, facinerosos
“Al fascismo, ni agua”, leo estos días en las redes sociales. Y me temo que pienso lo mismo. Yo tampoco le daría agua a quien deja a un pueblo morir de sed.Por eso no veré el programa el lunes. Es tal el angustia y el miedo que me transmite ese hombre que no podría hacerlo. Que lo vea quien tenga estómago. Y ojalá David sea, sencillamente, él mismo. Ya ha sido políticamente correcto al extenderle la invitación.
Ahora puede permitirse cualquier tipo de conversación. Que no se olvide de a quién tiene delante.
