Las columnas de la Mezquita de Córdoba y otras pruebas de la destrucción musulmana en España
Más de mil columnas sostienen la Mezquita de Córdoba. Ninguna fue tallada por sus constructores. Son espolios de edificios romanos y visigodos arrasados durante la invasión del 711. Un dato incómodo para el relato oficial de la «convivencia de las tres culturas» que el visitante medio ignora mientras pasea por el bosque de arcos.
Iglesias reducidas a cimientos: el patrón de la conquista
La arqueología acumula casos que dibujan un patrón sistemático de destrucción de templos cristianos. La basílica visigoda del anfiteatro de Tarragona fue arrasada hasta los cimientos: no quedó una sola piedra del alzado. En Recópolis, la gran ciudad fundada por Leovigildo en el siglo VI, la iglesia palatina solo conserva la planta; lo poco que sobresale pertenece a una reedificación del siglo XII. En Gerena, cerca de Itálica, la basílica paleocristiana aparece cortada a ras de suelo. El historiador árabe Al-Razi confirmó en el siglo IX que Tarragona fue tomada por la fuerza y arrasada, lo que explica el ensañamiento con sus edificios religiosos.
La excepción de Oriente: pactos que salvaron iglesias
Quienes defienden la supuesta tolerancia de Al-Ándalus suelen señalar que en Siria o Líbano se mantienen iglesias del siglo IV sin interrupción. La clave está en la forma de conquista: en Oriente hubo capitulaciones mediante pacto, mientras que en Hispania la resistencia visigoda —especialmente en el valle del Guadalquivir y la Tarraconense— provocó destrucciones generalizadas. Las comunidades cristianas que sobrevivieron lo hicieron en zonas rurales, pero las grandes basílicas urbanas desaparecieron. Las columnas de la Mezquita de Córdoba, reutilizadas de templos demolidos, son la prueba más visible.
Un patrimonio que sigue desapareciendo
El expolio no se detuvo en la Edad Media. El yacimiento de Cercadilla en Córdoba —enorme palacio tardorromano reutilizado como iglesia visigoda y luego como arrabal musulmán— fue destruido en el siglo VIII por los invasores y rematado en el siglo XX por las obras del AVE y la dejadez política. La Vega Baja de Toledo, donde apareció un espacio público visigodo de 900 m² en 2011, lleva más de una década sin excavarse por falta de interés institucional. El patrón de silencio sobre las destrucciones del 711 se replica en la gestión actual del patrimonio.
No se trata de moralizar sobre el pasado, sino de señalar que el mito de la tolerancia omite la violencia fundacional de Al-Ándalus. Las fuentes árabes hablan, la arqueología testifica y las columnas de la Mezquita no mienten: el esplendor de Córdoba se levantó sobre las ruinas de un mundo anterior.
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