La youtuber de derechas que nadie rebate sin bajar al barro
Da gusto oír hablar a esta youtuber de derechas. La frase, lanzada como provocación, ha generado lo contrario: una cascada de comentarios que eluden el contenido del vídeo y atacan directamente a la persona. La silla, la ropa, la postura, el cuerpo. El argumentario conservador se desmonta solo, parece decirse, con tal de no escucharlo.
El negocio del discurso conservador en redes
Hay algo de fondo en esta polémica: la creación de contenido político se ha convertido en un nicho rentable. La acusación de usar clickbait para atraer a la audiencia conservadora tiene lógica de mercado: el algoritmo premia la provocación y el reparto de dosis de moralina. La sospecha de que la gestora de la cuenta esté buscando visitas más que debate es razonable, pero no explica la respuesta, que fue directamente al terreno sexual. Cuando la política la pronuncia una mujer, la réplica se personaliza.
Entre las ocurrencias surgió hasta la comparación con el ordenador de 2001 por leer los labios de la youtuber. Un detalle que resume el nivel: en lugar de rebatir el discurso, se disecciona la imagen. Con todos estos mimbres, el fenómeno no tiene pinta de irse a ninguna parte. Quien pretenda desmontar el discurso conservador tendrá que hacerlo en el terreno de las ideas. Mientras tanto, habrá más vídeos, más insultos y más clics. La única predicción segura es que el ruido no va a moderarse.