13.000 persianas bajadas: el adiós al pequeño comercio en 2025 marca un récord negro
Trece mil pequeños comercios echaron el cierre en 2025, el peor año desde que hay registros. La cifra, que ya adelantó algún medio, ha sido confirmada por fuentes del sector y dibuja un panorama de destrucción imparable: tiendas de barrio, ultramarinos, mercerías, carnicerías… todos cayendo. Pero el relato oficial de "más autónomos que nunca" no casa con la realidad de la calle.
El espejismo del auge autónomo
Se nos vende que hay 3,4 millones de autónomos, una cifra récord. Pero basta rascar: la mayoría son falsos autónomos, repartidores con bici o furgoneta que trabajan para plataformas, o profesionales que han sido externalizados por las grandes consultoras para ahorrar costes. Como apuntan los análisis, la mediana salarial converge al SMI mientras las condiciones laborales empeoran. El pequeño comercio tradicional no puede competir con las economías de escala de las grandes cadenas ni con la flexibilidad de la economía de plataformas. Y mientras, la cuota de autónomos se dispara: hay quien paga 200 € al mes frente a un alquiler de 1.000 €, un cóctel explosivo.
Verifactu: la puntilla final
Si quedaba algún superviviente, la nueva facturación electrónica obligatoria (Verifactu) está rematando la faena. Según testimonios del sector, solo en enero de 2026 se han jubilado 27 hosteleros, y se espera una pérdida del 10% del total anual. La AEAT, que se financia con la sangre del contribuyente, aprieta las tuercas a los que aún facturan en B, pero el resultado es que muchos cierran sin traspaso, dejando los locales a ingenuos extranjeros o directamente convirtiéndolos en viviendas.
El paisaje postcomercial: lavaderos, clínicas y pisos de 50 m²
Un paseo por cualquier barrio revela la transformación: panaderías de cadena, tiendas de móviles que venden cuatro fundas al día (presumible lavado de dinero), fruterías pakistaníes, supermercados regentados por chinos, y clínicas dentales hasta en la sopa. Los locales que cierran se convierten en viviendas de 50 m² por 250.000 €. Las ZBE y la falta de aparcamiento han rematado el comercio de proximidad: la gente pasea pero no compra, salvo para consumir en terrazas.
El debate de fondo no es si el pequeño comercio tiene futuro (no lo tiene, al menos como lo conocíamos), sino si el modelo que viene —más precariedad, menos tejido productivo y una economía de servicios low cost— es sostenible. Los datos dicen que no, pero mientras la vaca siga dando leche, nadie en el poder va a cambiar nada.
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