35 años y fuera del mercado sexual: la rendición como estrategia
Un hombre llega a los 35 sin haber tenido pareja estable. Ha probado gimnasio, ropa cara, viajes. Nada funciona. La conclusión que extrae es demoledora: deja de gastar tiempo, dinero y energía en un juego imposible. La expresión “mercado sexual” suena cínica, pero describe cómo una parte de los varones solteros experimenta el emparejamiento: una subasta donde el capital físico, económico y de estatus cotiza al alza, y la edad juega en contra.
Hay quien lo eleva a categoría antropológica: no es un problema individual, sino estructural. Las redes sociales han multiplicado la competencia. Cualquier mujer, por normalita que sea, tiene una bolsa enorme de pretendientes disponibles con un clic. Los hombres, mientras tanto, entran en una carrera armamentista de gimnasio, proteínas, tratamientos capilares y estética facial para seguir en una puja que nunca ganan. Algunos llaman a esa presión “hipergamia”: la tendencia a buscar siempre hacia arriba, que deja fuera a una franja entera de varones.
La vía de pago: ¿reincorporación o pozo depresivo?
La prostitución aparece como el plan B más inmediato. Hay quien la presenta como una transacción limpia: con 50 euros te reincorporas al mercado. Otros la rechazan con dureza: pagar por contacto físico cuando lo que se busca es afecto refuerza la herida. Un testimonio de la conversación narra cómo llegó virgen a los 38 años, intentó la vía de pago y encadenó 16 servicios en ocho meses. El balance: alivio fisiológico, vacío emocional, y ninguna solución de fondo.
La comparativa de precios que circula es curiosa: el mismo servicio que en 1990 costaba 5.000 pesetas hoy se paga en torno a 50-60 euros. El sector, vienen a decir algunos, ha contenido sus tarifas mucho mejor que la cesta de la compra. Que eso sea un dato económico o una metáfora de lo que la sociedad valora, queda para quien lo lea.
Invierno demográfico: el paso previo que las ayudas ignoran
El emparejamiento y la demografía van de la mano, y el análisis acaba conectándolos. Se discuten ayudas a la natalidad, pero se obvia que para tener hijos hace falta pareja. Con las exigencias actuales, la mayoría de los padres de generaciones anteriores habría quedado soltera. La caída de nacimientos no es solo un problema de incentivos económicos: es la consecuencia de un colapso en la formación de parejas estables. Ahí encaja el “invierno demográfico”: una sociedad que envejece sin quien sostenga la siguiente generación.
Emigrar, pagar o retirarse: las salidas que se barajan
Ante el muro, las estrategias divergen. Una de las más repetidas es la emigración: buscarse un mercado donde la relación de demanda favorezca al hombre. La anécdota del hombre con alopecia que se trasladó a un país hispano y acabó casado y con dos hijos en un paraíso tropical funciona como fábula moderna para quienes están dispuestos a pagar ese precio. La segunda vía es la prostitución, descrita por unos como liberación de tensiones y por otros como trampa de autoestima. La tercera, la más silenciosa, es la jubilación anticipada del mercado: aceptar la soltería como destino y no como fracaso. A partir de los 35, dicen algunos, la vida deja de girar en torno a la búsqueda de pareja y las mujeres dejan de ser el vector que orienta las decisiones.
La inteligencia artificial como relevo
Una minoría observa con interés las nuevas tecnologías. Internet primero, la inteligencia artificial después, ofrecen compañía simulada sin chantaje emocional ni económico. La idea suena reductora, pero responde a una demanda real: cuando el coste del cortejo supera al de la soledad asistida, el mercado encuentra quien cubra el hueco. No resuelve el problema de fondo, pero mueve el tablero.
El dato que termina descolocando es el precio. Entre 1990 y hoy, los servicios de pago apenas se han encarecido, mientras huevos y alimentos básicos se disparaban. Nadie termina de explicar si eso dice más de la economía del sector o de lo poco que la sociedad valora un mercado tenebroso. La duda es incómoda, y por eso la conversación sigue abierta.