Cuenta de ahorro europea: hasta 150.000 € con exención fiscal a cinco años
España ya tiene su versión del PEA francés, y ha llegado sin ruido. El Boletín Oficial del Estado recoge el real decreto que crea la
Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa —aparece en el título XI, a partir de la página 76—, un vehículo con el que se pretende que el dinero que duerme en las cuentas bancarias acabe financiando empresas del continente en lugar de viajar hacia Wall Street. Hasta
150.000 € de aportaciones, cero tributación mientras no se retire el dinero y una bonificación que solo se activa si la cuenta aguanta cinco años. El mensaje de fondo es explícito: activos de la UE, no cuentas corrientes, no compañías estadounidenses.
¿Qué permite hacer la Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa?
Funciona como una cuenta de valores con ventaja fiscal. Dentro se pueden comprar y vender acciones y fondos europeos, además de ETFs siempre que al menos el
70% de su cartera sean activos de la UE, sin pasar por caja cada vez que se rota. La factura llega al retirar: los primeros
10.000 € quedan exentos y sobre el resto se aplica una desgravación del
20%, con la condición de haber mantenido la cuenta un mínimo de cinco años y hasta un techo de 150.000 €.
El cálculo que circula entre inversores parte de 50.000 € que en ocho años se convierten en 150.000 €. Sin bonificación, la base imponible sería de 100.000 €; con ella, se queda en 72.000 €. Existe además la opción de retirar solo una parte —sacar 50.000 €, tributar por 32.000 €— y dejar el resto componiendo.
Bonos, cupones y el dinero que ya está invertido se quedan fuera
La primera criba es incómoda para el perfil conservador. Los bonos y sus cupones quedan excluidos, igual que los ETFs monetarios y de renta fija; solo se admiten mixtos con un porcentaje pequeño de deuda. Quien quiera renta fija con ventaja fiscal tendrá que mirar hacia otro lado.
Los dividendos tampoco se libran. Siguen soportando la doble tributación, lo que afeita el rendimiento de compañías europeas de reparto clásicas. Hay quien pide directamente la exención de los dividendos dentro del nuevo régimen; de momento, no está sobre la mesa.
Y una letra pequeña incómoda: el régimen parece pensado para
capital nuevo. Si el dinero ya está invertido, la operación pasa por vender y recomprar. A eso se suma que las entidades aún tienen que decidir cómo comercializan el producto, así que las comisiones y gastos siguen siendo una incógnita.
PEA francés, Roth IRA y el precedente de las reglas que cambian
La comparación más repetida es con el
Plan d'épargne en actions galo, un formato muy similar en filosofía. El otro espejo es el Roth IRA estadounidense, con una diferencia clave: allí no se puede tocar el dinero hasta los 59 años, mientras que aquí se plantea como una cuenta flexible, con tributación diferida pero sin edad mínima de rescate.
El otro frente es la desconfianza. La norma no se aplicará igual en cada Estado miembro, de modo que cada gobierno decidirá qué bonificación refuerza, y eso deja la puerta abierta a modificaciones futuras. Se citan precedentes de marcha atrás fiscal —planes de pensiones, cuentas de ahorro vivienda, renovables— y se especula con el modelo holandés de tributar ganancias no realizadas. En el origen de la medida se señala a Carlos Cuerpo, vicepresidente primero.
Para quien indexa al S&P 500 o al MSCI World, el diagnóstico es que los ETFs europeos arrastran empresas de perfil flojo. Para quien analiza balances y flujos de caja, la cifra que se maneja —unas 1.200 acciones europeas por encima de 500 millones de capitalización— deja margen para elegir quince valores a tiro.
Con estos mimbres, la cuenta encaja en carteras de selección manual y choca con el inversor pasivo y con el conservador. Las comisiones que acaben cobrando las entidades, la posibilidad de traspasos desde fondos equivalentes y la letra que fije cada Estado para su parte de la bonificación son exactamente los números que todavía no existen.