Septiembre Negro: la guerra que Jordania ganó a la OLP
En septiembre de 1970 el rey Hussein de Jordania ordenó a su ejército lanzar una ofensiva contra las organizaciones guerrilleras de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que operaban desde su territorio. La operación arrancó el 17 de septiembre y lo que debía durar unos días se convirtió en una guerra de desgaste que no terminó hasta julio de 1971, cuando la OLP fue expulsada definitivamente del país y se reubicó en Líbano. El episodio, conocido como Septiembre Negro, dejó alrededor de
600 jordanos muertos y más de 1.200 heridos, mientras las bajas palestinas se contaron por miles sin cifra exacta confirmada.
La discusión que ha reabierto el caso estos días se apoya en un dato que suele quedar fuera del relato habitual: de todos los estados limítrofes que acogieron refugiados palestinos tras 1948,
solo el Reino de Jordania les concedió la ciudadanía. Líbano, Siria y Egipto mantuvieron a los suyos en campos o bajo administración militar. Ese contraste entre acogida formal y conflicto posterior es el eje sobre el que gira todo lo demás.
Qué detonó la ofensiva jordana de 1970
Las relaciones entre Amán y la OLP se habían degradado durante toda la segunda mitad de los sesenta por dos motivos que se retroalimentaban. El primero: los ataques de la guerrilla contra Israel lanzados desde suelo jordano provocaban represalias israelíes de gran alcance contra Jordania, que pagaba los platos rotos de una guerra que no dirigía. El segundo: la OLP pretendía construir un Estado dentro del Estado en el norte del país, con estructuras propias de poder en torno a Amán e Irbid.
El punto de no retorno llegó a principios de septiembre de 1970, cuando el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) secuestró tres aviones occidentales y los obligó a aterrizar en una base aérea abandonada del norte de Jordania. Los pasajeros sobrevivieron, pero las aeronaves fueron destruidas deliberadamente el 12 de septiembre en un acto escenificado para los medios. Para la corte de Hussein, aquello demostraba una cosa incómoda:
el rey no controlaba su propio país.
Cinco días después ordenó la ofensiva. Los números del choque explican por qué se atascó:
70.000 soldados jordanos con armamento pesado contra unos 12.000 combatientes regulares de la OLP y 30.000 milicianos armados con armas ligeras. La superioridad material no se tradujo en una victoria rápida. La resistencia palestina y varios errores tácticos jordanos convirtieron la operación en un pulso de meses concentrado en el norte del país.
La intervención siria y el golpe de Al-Assad
El 19 de septiembre de 1970 Siria envió tanques y tropas en apoyo de la OLP. La aviación jordana acabó rechazando la incursión, un vuelco militar que cambió el equilibrio sobre el terreno y que tuvo consecuencias directas en Damasco. El ministro de Defensa sirio, Hafez al-Assad, aprovechó el desgaste interno que provocó Septiembre Negro para hacerse con el poder mediante un golpe de Estado incruento el 13 de noviembre de 1970.
La salida de la OLP hacia Líbano no cerró el expediente, lo reabrió en otro país. Las fuerzas palestinas reubicadas actuaron como catalizador de la guerra civil libanesa (1975-1990) y de la posterior invasión israelí de Líbano en 1982. El nombre de Septiembre Negro también quedó ligado a un grupo armado homónimo cuyos ataques incluyeron la masacre de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.
El contexto de los refugiados: quién dio ciudadanía y quién no
Tras el final del Mandato Británico de Palestina y el exilio de más de
800.000 palestinos durante la guerra de 1948, los desplazados se instalaron en campos de Líbano, Siria y Jordania. La agencia UNRWA los asistía, pero con el tiempo una parte considerable de los refugiados quedó bajo influencia de los fedayines. La propia agencia había abandonado en buena medida sus obligaciones iniciales de repatriación y reasentamiento.
Las cifras de la asistencia dibujan un cuadro precario. Después de 1967, la agencia destinaba
tan solo 13 dólares anuales por refugiado, lo que en la práctica equivalía a una dieta sin carne, frutas ni verduras, con unas 1.500 calorías diarias como base. Ese cóctel —precariedad sostenida, ausencia de horizonte político y organizaciones armadas ofreciendo identidad y empleo— explica mejor que ninguna soflama por qué las milicias reclutaban con facilidad entre la población de los campos.
Qué se discute hoy sobre el papel de Jordania
El asunto se ha convertido en un campo de batalla interpretativo. Una corriente sostiene que el caso demuestra un patrón: los países que acogen a población refugiada palestina acaban pagando un coste de seguridad alto, y cita Líbano como segundo ejemplo. La respuesta contraria señala que Jordania no expulsó a los palestinos, sino a la OLP, y que hoy hay
dos millones de palestinos con ciudadanía jordana en el país. La distinción entre refugiado y miliciano es la línea que separa ambas lecturas.
Hay un tercer hilo argumental que desplaza el foco a la Guerra Fría. Según esta lectura, la URSS utilizó a los palestinos como herramienta de desestabilización en Oriente Próximo tras la guerra de los Seis Días, y la OLP habría contado con padrinos en los gobiernos comunistas de Europa del Este. El desertor rumano Ion Mihai Pacepa, exjefe de la Securitate, sostiene en sus memorias que el aparato soviético diseñó y financió parte de esa estrategia. Es una tesis con fuente propia, no un hecho establecido, y así conviene leerla.
El detalle que descoloca a casi todos: la guerra terminó en julio de 1971, pero la OLP no desapareció. Cambió de base. Y el país que la recibió pagó el precio durante quince años de guerra civil.