Achatarramiento de coches: el negocio que paga 0 euros al propietario
Quien piensa que entregar su viejo coche a un desguace reporta unos euros se lleva una sorpresa: en la mayoría de los casos, el pago es inexistente o simbólico. Las ofertas rondan los 50-60 euros para vehículos que aún funcionan, pero si el propietario solicita que lo recojan con grúa, la cifra se esfuma. El negocio, como denuncian numerosos afectados, es redondo para el gestor: ingresa por el metal y las piezas reutilizables, y el dueño acaba pagando –en tiempo o en tasa– por deshacerse del trasto.
De 60 euros a cero: el coste de la grúa
Un caso típico: un Seat Ibiza del 99, con funcionamiento pero estética deteriorada, recibió una oferta de 60 euros. Al pedir que fuesen a buscarlo, la cantidad se redujo a cero. Es decir, el servicio de retirada absorbe cualquier compensación. En el otro lado, los desguaces revenden piezas a precios muy superiores: un motor en buen estado puede alcanzar 500 euros, una defensa trasera 120 euros, y una rueda 40 euros. El margen es brutal.
La alternativa: despiece y venta por piezas
Frente a esta realidad, cada vez más propietarios optan por desmontar el vehículo y vender las piezas en plataformas de segunda mano. Un motor diésel de los años 90, como el 1.9 TDI del Golf, mantiene demanda y precios atractivos. «Se vende todo, hasta el último tornillo», aseguran quienes lo han hecho. Eso sí, requiere espacio, tiempo y cierta habilidad mecánica.
¿Negocio opaco o economía circular?
La sensación de «mafia» que describen algunos no es infundada: el desguace ingresa por el achatarramiento (subvenciones, metal) y por la venta de piezas, mientras el particular apenas recibe nada. La administración exige la baja del vehículo, que el desguace gestiona, pero sin transparencia en los precios. Hasta que no se regule o el propietario descubra el filón del despiece, el negocio seguirá siendo de ellos.
La predicción es clara: a medida que se extienda la información, más coches acabarán desmontados en garajes particulares y menos en las prensas de los centros autorizados. El desguace tradicional tendrá que buscar un nuevo modelo o seguirá pagando cero.