Cenar con una tiparraca te sale a 300 euros el polvo
Gastar el sueldo de un mes picando código en cinco horas de farra para un polvo mediocre: esa es la ecuación que ha llevado a un curioso análisis financiero sobre el coste real de una cita en 2026. Con precios de restaurante por las nubes y la inflación campando, salir con una mujer se ha convertido en un agujero negro de rentabilidad que ni el mejor hedge fund cubriría.
El desglose de una ruina
El cálculo parte de una cita tipo: cena en un italiano de medio pelo más copas en una discoteca de moda. El presupuesto mínimo ronda los 100 €, pero foros con experiencia advierten que la cifra real se mueve entre 150 y 200 € solo en restaurante y copas. Si la noche se alarga, toca sumar hotel (otros 100-150 €) y los inevitables taxis o ubers (50-100 €). Total: entre 300 y 450 € por velada. Para ponerlo en perspectiva, un plato de macarrones con cuatro hojas de perejil ya cuesta 15 €. Como apunta un asistente descreído, con ese dinero te compras un buen entrecot, lo haces a la barbacoa y ahorras, además de evitar el suplicio de aparcar.
El retorno de la inversión (ROI) que no llega
La pregunta que planea sobre todo el análisis: ¿dónde está el mítico ROI? Porque cinco horas de payasete ante una tiparraca, con el riesgo de que el polvo sea mediocre, no cuadra con ninguna ecuación de rentabilidad. Hay quien responde que si eres un alfa, las mujeres te invitan, pero la mayoría lo despacha como postureo de manual. La alternativa low cost —la paja con hentai o el cruising— asoma como opción recurrente en los mentideros digitales, aunque no sea exactamente lo que busca el que sale de caza.
La solución casera que gana por goleada
Mientras unos hacen números, los hay que ya han optado por la autarquía gastronómica: cocinar en casa. Un entrecot a la barbacoa, una ensalada con aliño casero y cero propinas. En tiempos de inflación y precios de restaurante de tres dígitos, el retorno de cocinar uno mismo es infinitamente superior. Y eso sin contar que te ahorras los 6 € de gasoil para ir al pueblo de al lado y la búsqueda de aparcamiento que quita las ganas.
Con este panorama, la pregunta que queda flotando es: ¿realmente merece la pena? Mientras el BCE no baje tipos, el coste de la seducción parece seguir al alza. Y el ROI, perdido en algún garito de moda.
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