Tecnololailo, el reguetón de los 90 que vuelve a dividir
Que el reguetón actual es basura lo repiten hasta los que no lo escuchan. Pero cuando se rescatan las viejas cintas del tecnololailo –ese primo pobre del reguetón que sonaba en los 90– el debate se enciende: ¿era realmente mejor o es la nostalgia la que nubla el juicio?
Los puristas del género defienden que aquel sonido, con grupos como Los Sobraos, El Azukita o Camela en sus inicios, tenía autenticidad. «Esto comparado con Bad Bunny es Mozart», se llega a decir. Frente a ellos, otra corriente sostiene que el tecnololailo siempre fue basura, solo que entonces la degradación no había alcanzado el sótano actual. «El reguetón y el latineo ha sido siempre basura por su esencia», argumentan, y lo que cambia es el nivel de chabacanería.
La discusión choca con un dato incómodo: el tecnololailo nunca fue un fenómeno de masas, sino un subproducto regional que hoy se mira con condescendencia. Quienes crecieron con él lo defienden como parte de una cultura callejera que se ha ido perdiendo. Pero la calidad objetiva –ritmos prefabricados, letras sin complejidad– no resiste mucho análisis.
Con Bad Barney como el enemigo perfecto, el tecnololailo se ha convertido en un símbolo de resistencia para los que añoran una música menos producida. Sin embargo, el tiempo juega en su contra: lo que entonces era marginal hoy parece directamente olvidable. Quizá el único consenso sea que, comparado con el reguetón actual, el viejo al menos tenía la honestidad de no pretender ser otra cosa.
El hijo del Fary, que camelaba en aquellos años, seguro que tendría algo que decir. Pero su nombre se ha perdido, como la mayoría de los éxitos del tecnololailo.
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