El canon de ciencia ficción que la IA repite y casi nadie ha leído
Hay una pregunta que incomoda más de lo que parece: por qué los sistemas de recomendación literaria devuelven una y otra vez los mismos nombres. Gene Wolfe, Cordwainer Smith, James Tiptree Jr., Christopher Priest. El repertorio se repite con una insistencia que ya no se explica por calidad, sino por otra cosa. Y en esa repetición hay un dato que casi nadie tiene en cuenta:
según un forero, Wolfe era ingeniero y participó en el desarrollo de la máquina que fabricó las Pringles. Escribía, al parecer, en los ratos libres.
La lista de autores que se maneja en estos círculos es amplia y desigual. Robert E. Howard, H. P. Lovecraft, Clark Ashton Smith, William Beckford, Villiers de L'Isle-Adam, Balzac, Horace Walpole, Charles Nodier, Arthur Machen, Rudyard Kipling, Hoffmann, Stevenson.
Casi nada de terror, ironiza quien la enumera. El problema no es la nómina, sino qué se hace con ella.
Qué autores recomienda la IA y por qué se repiten
El patrón es reconocible. Se pregunta por literatura de ciencia ficción y la respuesta vuelve a los mismos cuatro o cinco nombres.
Thomas Disch, Samuel Delany, James Tiptree Jr., Cordwainer Smith. La sospecha es que el sistema no está recomendando lo mejor, sino lo más citado. Y lo más citado no siempre es lo más leído.
La paradoja tiene su gracia.
Umberto Eco admiraba a Samuel Delany, pero cuesta explicar qué tiene de ciencia ficción una novela como Dhalgren, ese tochazo dividido en tres libros del que se lee uno y se promete acabar en 2036. La etiqueta del género se estira hasta romperse.
Hay quien sostiene que la información circula y que, aunque no se haya leído todo, se acaba sabiendo qué existe y qué no. El argumento es razonable: si hubiera más autores traducidos comparables a Ligotti, uno se habría enterado. La duda es si eso es conocimiento o solo familiaridad con el canon ajeno.
Ligotti, Aickman y la trinidad del terror que no encaja
En el terreno del terror la lista es más corta y más discutida.
Poe, Lovecraft y Ligotti como santísima trinidad del género. La fórmula funciona como eslogan, pero se desmonta en cuanto se comparan estilos. Robert Aickman aparece citado como antecedente de Ligotti con un estilo «superficialmente similar». Leída la mitad, la conclusión es que no se parecen en nada.
El problema de fondo es la traducción.
Según un forero, Harrison solo tiene traducida una obra de terror, y de Matt Cardin hay textos en inglés comprados con la ingenua intención de leerlos algún día. Michael Cisco aparece en las notas tomadas de un foro en inglés. El canon real está en otro idioma.
La consecuencia es incómoda: se discute sobre autores que no se han leído en su lengua original, a partir de listas ajenas, con la sensación de estar al día.
El canon como deberes pendientes.
El terror clásico que se acumula sin leerse
La confesión es reveladora.
No se acumulan libros en papel desde hace años, pero en el lector electrónico hay millones de títulos de terror. El interés, sin embargo, no está en el terror moderno. Lo que se conserva es el clásico: Walpole, Beckford, Nodier, Machen, Kipling, Stevenson, Hoffmann.
Ese desfase entre lo que se posee y lo que se lee explica muchas cosas. La biblioteca digital crece, la lectura efectiva se concentra en unos pocos nombres. Y mientras tanto, la conversación pública sobre literatura fantástica sigue girando alrededor de los mismos títulos que ya recomendaba el sistema hace años.
La predicción, con todas las reservas, es que el canon no se ampliará por generación espontánea. Si los sistemas de recomendación siguen alimentándose de lo más citado, y lo más citado sigue siendo lo más traducido, el círculo se cierra solo. Habrá que ver si alguien lo rompe desde fuera.