De Eutiquia a Hodei: la extraña evolución de los nombres en España
¿Son los nombres actuales más esperpénticos que los de abuelos? Basta rascar un poco para descubrir que lo raro es cíclico. Hace un siglo, doña Eutiquia y sus hermanos Ezequiel, Juventino o Marciano eran tan normales como hoy lo son Izan, Enzo o los vascos Hodei (nube), Ibai (río) o Zigor (castigo). La discusión recurrente sobre lo «anormal» del paisaje onomástico español tiene más de percepción generacional que de novedad.
Los datos del Registro Civil muestran oleadas: en los noventa triunfaban Jonathan y Kevin; ahora dominan Enzo e Izan. Y mientras un forastero se escandaliza con Usnaby (por US Navy) o Robelkis en Cuba, aquí llevamos décadas convirtiendo apelativos en identidad. El colmo: un hombre llamado Pilar, que según los puristas es más correcto en masculino que en femenino, pues la virgen es del Pilar, no se llama Pilar.
La moraleja es seca: cada generación cree que la suya es la última frontera del ridículo. Lo que no cambia es la capacidad de sorprenderse. Y mientras, en Euskadi llaman Iraultza (revolución) a sus hijos sin pestañear. Normal, que es el país.