Puerto Rico y Cuba, el imposible regreso de España
¿Tiene algún sentido que España vuelva a mirar hacia Puerto Rico y Cuba? En un contexto de tensiones internas en
Estados Unidos y de discusiones sobre su posible fragmentación, una corriente de opinión plantea que Madrid podría recuperar influencia en el Caribe. El punto de partida es una tesis conocida: el analista ruso Ígor Panarin vaticinó la desintegración estadounidense en 2010, y aunque la fecha falló, hay quien sostiene que el planteamiento de fondo sigue en pie. La idea no es nueva, pero el debate sobre el declive estadounidense le ha dado un nuevo impulso.
Qué se plantea exactamente
El núcleo de la propuesta es que España podría recuperar sus antiguas plazas del Caribe. Primero Puerto Rico y, si se alcanzara un entendimiento con Cuba, también la isla. La frontera quedaría en el Misisipi, con una república de Texas independiente que, según esta visión, no sería absorbida por México. Puerto Rico podría integrarse como comunidad autónoma con gran autonomía, mientras que Cuba y Florida se articularían a través de los cubanos establecidos en el estado norteamericano.
El argumento geoestratégico se apoya en la historia: Felipe II ya dejó claro que Cuba era la puerta de América, un nodo esencial, y fue una de las últimas posesiones perdidas en la guerra contra Estados Unidos. La idea de fondo es que España necesita proyectarse fuera de la península para superar sus tendencias a los conflictos interiores.
Las críticas: ¿para qué queremos eso?
La respuesta más repetida es de sentido común economicista: ¿qué hay en Cuba y Puerto Rico? ¿Gas, petróleo, minerales? Se argumenta que son territorios pobres y receptores de ayudas externas, y que si tuvieran algo que ofrecer, Estados Unidos ya los habría incorporado. Se recuerda que los puertorriqueños han celebrado referéndums para ser el estado 51 y que Washington no los quiere ni en pintura. También se apunta que, si colapsa Estados Unidos, serán China u otros actores quienes ocupen su lugar, y no está claro que sea mejor.
Otra línea crítica señala que España va también hacia el abismo y que, en todo caso, primero hay que ver cómo termina el país tras sus propias crisis antes de montar películas imperiales. Se duda de que exista una inteligencia estratégica capaz de conducir algo así.
El problema del liderazgo y la falta de proyecto
Uno de los puntos más discutidos es quién impulsaría el proyecto. Se sostiene que ninguna nación hispánica tiene la fuerza necesaria para liderarlo y que, sin un poder militar, político y económico claro, las élites no ceden poder sin pelear. Se citan los casos de las unificaciones alemana e italiana, o el mundo griego con los macedonios, para recordar que hace falta un liderazgo reconocido. La respuesta desde la otra posición es que el interés es de todos y que lo que hace falta es una élite conjunta, no necesariamente localizada en un solo país.
También se apunta a la necesidad de una «insubordinación cultural» previa, un cambio de mentalidad que no depende de tener un gobierno decente. Se menciona el caso de Argentina como uno de los pocos territorios con capacidad de autosuficiencia en recursos materiales y humanos, y se habla de la cuenca del Plata como posible retaguardia de la hispanidad, frente a las proas de vanguardia que serían México, España y Filipinas.
El contexto económico: Texas, Florida y México
Para dimensionar el escenario, se aportan cifras: la economía de Texas asciende a 1,8 billones de dólares; la de Florida, a 875.000 millones; la de México, a 1,2 billones. La suma de Texas y Florida supera el doble de la mexicana, y si se añaden otros estados, la diferencia se multiplica. Son datos que, según quienes los esgrimen, desmontan cualquier expectativa de que una república de Texas fuera absorbida por México.
En el plano monetario, se plantea que una futura moneda hispana podría estar respaldada por la plata, dado que la producción conjunta de los países hispanos supera la mitad de la producción mundial. Se menciona que España produce unas 66 toneladas anuales, probablemente como subproducto de minas de otros metales.
La cuestión de Puerto Rico y su encaje
El caso puertorriqueño tiene un elemento concreto: un partido de la isla ha propuesto convertir el país caribeño en comunidad autónoma de España, dejando atrás su relación con Estados Unidos. Es un dato que se usa para mostrar que la idea no es solo una elucubración. Sin embargo, la mayoría de los análisis coinciden en que se trata de una carrera de largo plazo y que la mitad del trabajo ya está hecho, regalado por la historia.
La discusión deriva hacia la necesidad de unir primero a Portugal, la Unión Ibérica como paso imprescindible, y de establecer un liderazgo claro con autoridad. Se menciona a Vázquez de Mella y sus tres puntos: federación con Portugal, confederación con la América hispana y una tercera vía que no se detalla. La lengua se señala como la gran ventaja para una reconstrucción, recordando que en Filipinas los estadounidenses destruyeron el español y bombardearon los vestigios de arquitectura española.
El contexto geopolítico: el declive de Estados Unidos
La discusión se enmarca en la idea de que Estados Unidos ya no se aguanta y se derrumbará hacia 2030. Se argumenta que es un imperio depredador y no generador, de ahí que no surjan subnaciones reales sino una constelación de bantustanes. Frente a esto, se advierte de que si cae Estados Unidos, en cuestión de minutos Marruecos intentaría conquistar plazas empezando por Canarias y se desataría un proceso de reislamización del Andalus. La OTAN está pagada en un 70% por Estados Unidos y, sin ellos, Europa quedaría desprotegida.
La respuesta a este temor es que, precisamente cuando caiga Estados Unidos, será el momento de caer sobre Gibraltar y proyectarse sobre el Rif, fomentando el nacionalismo amazigh si hace falta. La idea es prepararse para cuando eso suceda, no tentar a la suerte.
La cuestión cultural y la propaganda
Se subraya que no solo se está en manos extranjeras por la política, sino también por la cultura y la propaganda. Se critica que la corriente patriótica más visible haya asociado el patriotismo español al blanquismo, cuando la obra de España no es racial ni racista. Se insiste en que no se puede excluir a nadie en un proyecto hispano. La Universidad y la colaboración académica se señalan como canales para propagar el concepto, junto con la diplomacia. Se menciona el romancero hispánico como una de las mayores joyas culturales y se reivindica la figura de Joaquín Díaz.
Al final, la discusión vuelve siempre al mismo punto: la falta de un mando competente que sirva altos principios. Lo demás, dicen, es superable. Claro que, a este paso, lo superable es lo único que no llega nunca.