China multiplica las maniobras militares alrededor de Taiwán
Un carguero chino con una pasarela desplegable de varios cientos de metros. No es un juguete: es un barco diseñado para vomitar vehículos blindados directamente sobre una playa sin puerto. La imagen resume el estado del asunto: China no está ensayando un desfile, está montando la logística de un desembarco anfibio sobre Taiwán. Las maniobras con fuego real alrededor de la isla se han multiplicado, y el 2 de abril de 2025 Pekín lanzó unos ejercicios sorpresa que ya no se parecen a los de años anteriores.
Qué se mueve de verdad en el estrecho de Taiwán
La novedad no son los ejercicios, es su naturaleza. Durante años las maniobras chinas fueron coreografía para consumo interno. Ahora incluyen fuego real y, sobre todo, medios específicos para el asalto: los astilleros chinos han construido un tipo de buque capaz de desenrollar una pasarela larga para facilitar el desembarco. Ese detalle —una rampa, no un cañón— es el que cambia la lectura del tablero.
El cálculo militar choca con una geografía tozuda. La costa taiwanesa tiene pocas playas aptas para un desembarco y las que hay son
terreno defensivo natural. Una invasión anfibia a través del estrecho sería una de las operaciones más complejas y costosas de la historia militar moderna, y la orografía montañosa de la isla complica cualquier avance hacia el interior. La logística, dicen los análisis más fríos, es casi utópica.
El factor que nadie controla: los microchips
Hay un motivo por el que Washington no va a mirar hacia otro lado. Taiwán concentra una parte decisiva de la fabricación mundial de semiconductores. Que el 100% de la producción de microchips cayera en manos chinas es un escenario que, según un participante del debate, Estados Unidos no está dispuesto a permitir, y de ahí que se haya empujado la instalación de factorías en suelo estadounidense para replicar parte de esa capacidad.
El problema es que mover una fábrica de chips no es mover una fábrica de tornillos. La ventaja taiwanesa no está solo en los edificios: está en el ecosistema de proveedores, ingenieros y know-how acumulado durante décadas. Replicar eso en Arizona o Texas lleva tiempo, dinero y una paciencia que la geopolítica no suele conceder.
El cuento de Pedro y el lobo, versión Pacífico
La estrategia china tiene una lectura menos apocalíptica y más maquiavélica. Según algunos participantes, los ejercicios militares rutinarios alrededor de la isla, cada vez de mayor envergadura, pueden servir para normalizar la presencia militar hasta que deje de llamar la atención. Cuando el mundo se acostumbre a que «solo es otro simulacro más», el día que no lo sea, la sorpresa estará servida. Es el cuento de Pedro y el lobo con portaaviones.
Frente a esa tesis, la versión paciente: hay quien sostiene que China no necesita disparar un tiro. Puede esperar a que Taiwán se integre por su propio peso, evitando el coste reputacional de aplastar a una población que considera propia y el castigo comercial de unos socios que no querrían tratar con un socio peligroso. Anexionar por la fuerza sale caro; comprar por dos perras, barato.
Lo que dicen los que llevan años esperando la invasión
La fatiga del relato es real. Hay quien lleva demasiados años escuchando que la invasión es inminente y ya no se inmuta: la fecha se mueve, el titular se repite y la isla sigue ahí. Otros señalan que un desembarco masivo no se puede ocultar: se ve por satélite, requiere semanas de preparación y los defensores tendrían tiempo de atrincherarse. La sorpresa, en una operación de ese tamaño, es una quimera.
El paralelismo con Ucrania aparece una y otra vez. Si a Rusia le hubiera salido barata su invasión, China tendría carta blanca para lanzarse sobre Taiwán. Si le ha salido cara, la disuasión funciona sola. Y en medio, el detalle económico que descoloca: China acumula billones en deuda estadounidense. Cuando le prestas cien mil euros a alguien, el problema es tuyo; cuando le prestas billones a China, el problema es de China. O eso dicen.
El estrecho sigue siendo el mismo. Lo que cambia es la pasarela.