El exceso de mortalidad en Europa alcanza el 2,9% y España está en el foco
Un 2,9% que no es ruido estadístico
A principios de 2025, los indicadores de mortalidad volvieron a dar un aviso que los gobiernos europeos prefieren digerir despacio. El exceso de mortalidad en el conjunto de la Unión Europea se situó en el segundo trimestre en un 2,9%, un registro que mide cuánta gente muere por encima de la media histórica esperada. Y ahí, España aparece entre los países más afectados. No es un repunte anecdótico: es el segundo aviso en pocos meses, porque los datos de principios de año ya apuntaban en la misma dirección.
El indicador tiene trampa, conviene decirlo: compara con medias de años anteriores, así que una sociedad envejecida siempre tiende a dar valores positivos. Pero cuando el exceso se concentra en países concretos y no en otros, la demografía deja de explicarlo todo.
El cáncer sigue siendo la primera causa de gloria en España, con un 26,6% de las defunciones. Lo llamativo no es el porcentaje en sí, sino lo que esconde: un estudio recogido por la revista BMJ Oncology calcula que los casos de cáncer en menores de 50 años aumentaron un 79% entre 1990 y 2019. Son otros grupos de edad. Otra velocidad. Y otra conversación.
Cáncer en menores de 50: el repunte que inquieta
El aumento del 79% no es un error de redondeo. Ocurre en todo el mundo, pero no todas partes lo explican igual. Se citan los ultraprocesados, el azúcar, el sedentarismo, el alcohol y el tabaco como sospechosos habituales. Hay quien añade los microplásticos al sumario, con peor soporte estadístico pero con una lógica que no se puede descartar por decreto.
La pregunta incómoda es otra: ¿ese crecimiento se ha acelerado después de 2020? Hay lecturas que piden estudiar la evolución por tramos, 2000-2020 frente a 2020-2025, para ver si hay un punto de inflexión. Esa comparación no está disponible con la misma fiabilidad, y ahí se atasca todo.
Tres explicaciones, dos bandos y un trasfondo demográfico
El debate sobre las causas se ha fragmentado. La corriente más académica insiste en el envejecimiento: España tiene, junto a Japón, una de las estructuras de edad más viejas del planeta, y la tasa de mortalidad crece por pura aritmética. Se le añade la dieta: el consumo de comida procesada lleva décadas subiendo y sus efectos sobre la diabetes y el ictus aparecen con retrat, justo ahora.
La corriente más beligerante pone el foco en la campaña de banderilla masiva. Señala que España alcanzó el 92,9% de medicado frente al 84,8% de la media europea, y desliza que no hay estudios serios sobre los efectos a medio plazo. Es una sospecha, no una evidencia. Pero la comparación entre países alimenta la teoría: Portugal, España y Malta, entre los más medicado, registran sobremortalidad, mientras Bulgaria y Letonia, con tasas muy inferiores, no la tienen.
La hemeroteca devuelve el golpe
Quienes defienden la hipótesis banderilla recuerdan que los mismos datos que se usaron para desacreditar a los escépticos — las comparaciones entre países según su ritmo de inoculación — son ahora el argumento de vuelta. La correlación no implica causalidad, pero incomoda.
Lo cierto es que no hay un estudio oficial que cierre la pregunta. Y conviene decirlo sin ambages: no lo habrá mientras el problema siga siendo estadísticamente manejable. La salud pública europea ha entrado en una fase en la que el exceso de mortalidad se ha normalizado, y normalizar un exceso es una manera elegante de dejar de contarlo.