La fantasía del Ejército redentor: por qué no habrá pronunciamiento
España no ha vivido un pronunciamiento militar desde 1981. Aun así, cada crisis política reinflama la imaginación golpista. La última versión habla de una facción del Ejército dispuesta a tomar el control unilateralmente ante la debilidad del Gobierno. El planteamiento tiene más de mito que de análisis de fuerzas, pero conviene examinar los argumentos que lo alimentan.
La tesis de la facción disidente
Una corriente sostiene que el descontento castrense cristalizaría en un movimiento unilateral. La estructura de mando, el juramento constitucional y la integración en la OTAN hacen casi impensable una ruptura orgánica. Se argumenta, además, que el grueso del Ejército utiliza material con electrónica avanzada y dependencia de aliados externos, lo que condiciona cualquier autonomía de decisión. Los efectivos no son suficientes para una acción rápida y concentrada.
El papel de la Guardia Civil
En este análisis, la Guardia Civil aparece como el único cuerpo operativo con cierto número de efectivos. Su despliegue territorial y capacidad de reacción la convierten en el instrumento hipotético. Pero esa hipótesis choca con la realidad de una institución fuertemente arraigada en la legalidad.
La disidencia controlada
La visión más escéptica niega la existencia de facción alguna. Los mandos han interiorizado la obediencia al poder civil; lo que algunos llaman disidencia sería una válvula de escape tolerada. El sistema sabe canalizar el malestar para que nunca cuaje en amenaza real.
Mientras tanto, la fantasía sigue viva en los márgenes. ¿Por qué la sociedad sigue necesitando imaginarla?