Centro de Negocios Sardinero: 15 años de pérdidas y cero impuestos
En Santander, una empresa conocida como Centro de Negocios Sardinero S. L. acumula 15 años declarando pérdidas sin que la Agencia Tributaria haya movido un dedo. Según los datos depositados en el Registro Mercantil, su patrimonio neto es negativo en más de 200.000 euros, con un capital social de solo 36.000 euros y pérdidas acumuladas que superan los 337.000 euros. La compañía, dedicada al alquiler de salas y despachos, ha presentado resultados negativos todos los años salvo uno, en el que obtuvo un beneficio de unos 20.000 euros. Desde 2010, no ha pagado un céntimo de Impuesto de Sociedades.
Lo que resulta extraordinario no es que una empresa con pérdidas no tribute –es normal–, sino que la AEAT, teniendo acceso público a esas cuentas año tras año, no haya abierto una inspección. En un contexto donde a autónomos y pymes se les exige hasta el último euro, esta sociedad sigue operando sin que Hacienda se cuestione cómo puede mantenerse una actividad quebrada durante década y media. El administrador de la empresa, Pablo Arenas Álvarez, estaría vinculado, según fuentes del entorno, con políticos de la región como la alcaldesa de Santander, Íñigo de la Serna o el expresidente Revilla, aunque no hay acusaciones formales.
El misterio de la empresa que nunca quiebra
Un analista de riesgos con dos décadas de experiencia afirmó no haber visto nunca un caso similar: «Está en quiebra técnica desde hace 15 años. Con esas cuentas, ninguna entidad le concedería un crédito». De hecho, la compañía presenta una situación patrimonial que, según los criterios contables, forzaría su disolución. Sin embargo, sigue facturando, aunque siempre con pérdidas. La pregunta es: ¿cómo se financia? Una hipótesis recurrente apunta a que podría tratarse de un instrumento para blanquear capitales o para desviar fondos de otras empresas del mismo grupo, aunque no consta que pertenezca a ningún holding.
La AEAT de Cantabria, por su parte, guarda silencio. Un funcionario de la agencia en Galicia, conocedor del caso, comentó que «es posible que a la Unidad de Planificación y Selección (UPS) no le haya saltado por baja facturación». Pero si las cuentas se presentan cada año con pérdidas, el sistema debería haber generado una alerta. La sospecha de connivencia es inevitable.
El precedente de Irún y la tolerancia con los poderosos
No es la primera vez que surgen dudas sobre la actuación de la AEAT. En 2005, el caso de la Hacienda de Irún, donde el director y un grupo de funcionarios extorsionaban a contribuyentes mientras acumulaban un patrimonio inmobiliario, acabó con condenas de hasta once años de prisión. Pero el condenado volvió a hacer negocios a los pocos años. La sensación de impunidad persiste.
En este caso, la empresa, presuntamente bien relacionada, habría disfrutado de un trato de favor. Las pérdidas declaradas año tras año, en lugar de cerrar el negocio, permiten deducciones que podrían compensar ganancias de otras sociedades vinculadas. Pero la ausencia de investigación alimenta el escepticismo.
El dato que descoloca: con un patrimonio neto negativo de -202.125 euros y un capital social de 36.000 euros, la empresa debería estar en causa de disolución desde el primer año de pérdidas. Sin embargo, sigue operando quince años después. La AEAT, que debería velar por la legalidad, no ha actuado. Y mientras, el contribuyente medio sigue pagando sus impuestos puntualmente.