No sé si está pero lo pongo:
saludos.
Paraguay transita horas oscuras y de gran incertidumbre, con tensión y forcejeos entre ahorristas y la Policía en el microcentro de Asunción, tras la caída de Ueno bank. El país latinoamericano vive momentos de crispación social y política, al estilo del “Corralito” argentino del 2001, cuando el gobierno de De la Rúa prohibió extraer 250 pesos o dólares por semana en efectivo de las cuentas bancarias en un intento de frenar una corrida bancaria.
En el caso de la actual crisis financiera paraguaya, esta se origina tras el cierre preventivo e intervención de Ueno Bank por parte del Banco Central del Paraguay (BCP). Esto ha dejado a millones de clientes, entre ellos jubilados y ahorristas, sin poder acceder a sus ahorros, al mismo tiempo que ha afectado a los depósitos del Estado. En este contexto, estallaron protestas en el microcentro de Asunción, en las que se enfrentaron los ahorristas y las fuerzas de seguridad con forcejeos y gases lacrimógenos, provocando que el presidente Santiago Peña pidiera expresamente la renuncia del director del Banco Central.
saludos.
Paraguay transita horas oscuras y de gran incertidumbre, con tensión y forcejeos entre ahorristas y la Policía en el microcentro de Asunción, tras la caída de Ueno bank. El país latinoamericano vive momentos de crispación social y política, al estilo del “Corralito” argentino del 2001, cuando el gobierno de De la Rúa prohibió extraer 250 pesos o dólares por semana en efectivo de las cuentas bancarias en un intento de frenar una corrida bancaria.
En el caso de la actual crisis financiera paraguaya, esta se origina tras el cierre preventivo e intervención de Ueno Bank por parte del Banco Central del Paraguay (BCP). Esto ha dejado a millones de clientes, entre ellos jubilados y ahorristas, sin poder acceder a sus ahorros, al mismo tiempo que ha afectado a los depósitos del Estado. En este contexto, estallaron protestas en el microcentro de Asunción, en las que se enfrentaron los ahorristas y las fuerzas de seguridad con forcejeos y gases lacrimógenos, provocando que el presidente Santiago Peña pidiera expresamente la renuncia del director del Banco Central.
