Turquía bloquea reembolsos a 500.000 inversores tras hundirse la Bolsa
Turquía negocia la venta de cazas de quinta generación y exporta drones de combate a medio mundo. También acaba de dejar a medio millón de sus ciudadanos sin poder retirar su dinero de unos fondos de inversión. Las dos cosas son ciertas y ocurren la misma semana. El corralito a los inversores turcos no llega por decreto, sino por la puerta de atrás: una gestora incapaz de devolver el dinero que le reclaman.
Qué pasó: la gestora que no pudo pagar los reembolsos
La Bolsa de Estambul se desplomó un 5,5% en una sola sesión antes de que saltara el mecanismo de interrupción automática de la negociación. En tres días acumula una caída del 9%. El detonante no fue un impago soberano ni una decisión del banco central, sino algo más prosaico: una gestora de fondos no pudo atender las solicitudes de reembolso de sus clientes. Eso disparó el miedo a tensiones de liquidez en todo el sector de fondos de inversión del país.
El regulador del mercado reaccionó elevando las exigencias sobre el sector. Traducido: menos margen para prometer lo que no se puede pagar.
Fondos con retornos de tres dígitos y una inflación del 85%
El mecanismo tiene un patrón reconocible. Más de 500.000 turcos habían colocado su dinero en una serie de fondos que prometían rendimientos anuales de tres dígitos. Cuando unos cuantos fueron a sacar lo suyo, las retiradas se bloquearon. Hay quien lo describe sin rodeos como un esquema Ponzi de manual, y hay quien sostiene que no es más que el enésimo episodio de una moneda que lleva una década siendo basura inflacionaria.
El contexto no invita al optimismo. La inflación turca ha rozado el 85% anual y los menores de 50 años guardan sus ahorros en euros, dólares y criptomonedas. Los bonos del país emitidos en liras cotizaban la semana pasada cerca del 40% a tres años y por encima del 30% a diez. Cuando el dinero exige esas rentabilidades, es porque desconfía. Hasta ahí llega la lira.
La factura europea: BBVA y su filial Garanti
La banca española no está de perfil. La filial turca de BBVA, Garanti, aparece directamente señalada como el eslabón que puede trasladar el problema a casa. Otras entidades europeas con presencia relevante son UniCredit en Italia (a través de Yapi Kredi, en torno al 4% de su cartera), BNP Paribas en Francia (filial turca, cerca del 2%), ING en Países Bajos y HSBC en Reino Unido, con sucursal en el país desde 1980.
Circula una estimación de 83.000 millones de euros de exposición europea susceptible de convertirse en humo. Nadie la ha confirmado oficialmente y conviene tratarla como lo que es: un cálculo grueso en medio de un pánico. Pero da la medida del susto.
Un gigante industrial que se rompe por una gestora
El detalle que descoloca es este: la economía turca no es un solar. El país está transfiriendo a España la industria del avión de entrenamiento Hurjet, negocia la venta de los cazas Kaan de quinta generación, fabrica la aviónica del F-16 y buena parte de los repuestos de los CN-235, y es potencia mundial en drones. En ferias como la de Madrid, las estructuras metálicas son suyas. En contra pesa el argumento contrario: se sostiene que esas empresas turcas van ultrasubvencionadas y con las normas al límite, un gigante industrial con pies de barro.
Fabricar cazas y drones y no poder devolver el dinero de tus propios ahorradores no es una contradicción menor. Nadie ha explicado todavía cómo conviven las dos cosas. Quizá porque la pregunta incómoda no es cuánto tarda Turquía en caer, sino cuánto de esto se parece a lo que ya tenemos cerca.