No ser madre: el estigma que tres mujeres cuentan en un proyecto pionero
Un proyecto llamado «No Mares» aglutina a mujeres que han decidido no tener hijos y denuncian la presión social que sigue recayendo sobre ellas. «Mucha gente continúa diciéndote que ser madre es tu gran don y tu gran obligación para la sociedad. Si no tienes hijos, te dicen que eres egoísta, que no eres suficientemente mujer o inmadura», resume Mar, de 47 años. La iniciativa, presentada el 12 de mayo con una exposición, nació tras cuatro años en los que su autora, Llucia Bauzà, y su pareja intentaron ser padres, sufrieron varios abortos y decidieron parar: «No fue una renuncia, sino una liberación».
Qué es el proyecto No Mares y qué denuncia
El punto de partida es una contradicción que el relato oficial no resuelve: durante siglos la figura de la mujer ha estado ligada a la maternidad, y quien se sale de ese guion se topa con un abanico de prejuicios que va «desde la compasión condescendiente hasta la abierta hostilidad». Bauzà asegura que desde que puso en marcha la iniciativa muchas mujeres se han puesto en contacto con ella, y que la exposición inaugural generó «mucha emoción y muchas ganas de compartir y escuchar».
Cati Servera, otra de las integrantes, cuenta que nunca se ha planteado seriamente la maternidad: «Sí he tenido la oportunidad, pero elegí abortar y ha sido como un proceso natural». Las tres hablan de «hacer un trabajo consciente sobre el duelo que supone aceptar la no maternidad» y de los prejuicios que lo rodean. El diagnóstico que comparten es que el tratamiento que reciben es «muy paternalista y muy patriarcal».
El duelo que no se nombra y la pregunta que nadie debería hacer
Hay un detalle que suele pasarse por alto: no todas las mujeres sin hijos lo son por elección. Bauzà intentó ser madre durante cuatro años y sufrió varios abortos antes de decir «hasta aquí». Es decir, la no maternidad también puede ser el resultado de un proceso duro, no una declaración ideológica. De ahí una de las reivindicaciones del grupo: «No sabes por qué esa persona no ha tenido hijos y no tiene por qué explicártelo. Porque igual hay una historia dura detrás».
El marco teórico que citan no es nuevo. La filósofa francesa Élisabeth Badinter ya analizó en
La mujer y la madre (1980) cómo la idealización de la maternidad ha servido históricamente para someter a las mujeres. En
Los hombres me explican cosas (2014), Rebecca Solnit explora cómo las estructuras de poder siguen decidiendo qué es deseable y qué es aceptable. La novedad no está en el argumento, sino en el altavoz: un proyecto con nombre, exposición y lista de contactos.
La reacción: del «mejor que no tengan hijos» al «es un fracaso biológico»
La recepción del asunto en el debate público ha sido, en buena parte, hostil. Una corriente sostiene que el estigma es una invención interesada y que a nadie le importa realmente si una mujer tiene hijos o no; desde esa posición se argumenta que el problema no es la presión social, sino el victimismo como forma de vida. Otra línea, más agresiva, directamente celebra que estas mujeres no se reproduzcan: hay quien afirma que «su genética es basura» y que es mejor que se extingan.
El argumento biologicista también aparece con fuerza: se sostiene que una mujer que muere sin haber tenido hijos es «un fracaso absoluto biológicamente hablando», comparable —según esa lógica— a un hombre que muere virgen. Y una tercera vía, menos visceral, apunta a un cambio material: hace un siglo tener hijos sacaba a la gente corriente de su existencia rutinaria; hoy les saca de su hedonismo y les ata a una responsabilidad de al menos quince años. El misterio, si acaso, es por qué ese cambio económico se vive como una traición moral.
El contraargumento: «Yo soy más completa desde que tengo hijos»
Frente al relato de la liberación, aparece el opuesto, y con la misma intensidad. Hay quien describe la maternidad como un antes y un después: «En el momento me di cuenta de que mi vida había pasado a girar en torno a mi primera hija se me cayó una venda de los ojos. Todo lo anterior fue pasar por el mundo autosatisfaciéndome». Desde esa experiencia, la no maternidad se lee como una forma de egoísmo, no como una conquista.
El choque entre ambos relatos es el verdadero núcleo del asunto. Unos hablan de duelo y de presión social; otros, de realización y de legado. Y en medio, una pregunta incómoda que ninguna de las dos partes responde del todo: si la decisión es libre en ambos sentidos, ¿por qué genera tanta necesidad de justificarse?
El proyecto «No Mares» seguirá recibiendo testimonios y organizando actividades, según cuenta su promotora. Lo que no está claro es si el estigma que denuncian se está reduciendo o simplemente cambiando de forma. Con estos mimbres, la conversación no se cierra: se aparca.