El secuestro de hombres en Ucrania: la movilización forzosa que nadie quiere ver
Un video captado en una calle transitada de una ciudad ucraniana muestra a un hombre corpulento siendo introducido a la fuerza en una furgoneta por varios individuos uniformados. No es un crimen callejero: es el reclutamiento militar obligatorio en plena guerra. Y no es un caso aislado. Las redes sociales y los testimonios de ucranianos que logran escapar o se esconden revelan una práctica sistemática de secuestro de varones en edad militar, incluso con tres o cuatro hijos, para ser enviados al frente. La reacción internacional, sin embargo, es un murmullo ensordecido por la corrección política.
Secuestros a plena luz del día
Los vídeos que circulan muestran operativos de reclutamiento que parecen redadas: agentes del ТЦК (centros de reclutamiento) interceptan a hombres en la calle, los reducen y los meten en furgonetas. En uno de ellos, una mujer intenta intervenir sin éxito. La respuesta ciudadana es tibia: nadie se abalanza sobre los militares, pese a que las imágenes se difunden. "Han tenido que subir las penas a la gente que se niega", señala un análisis. De hecho, la primera deserción sigue siendo "gratis" (sin castigo penal), lo que sugiere que el Estado prefiere no disuadir del todo a quienes huyen, pero sí capturarlos de nuevo.
Ataques a los centros de reclutamiento: la resistencia crece
No es solo el secuestro callejero. Las propias autoridades ucranianas reconocen un aumento de ataques contra los ТЦК. La violencia no resuelve el problema: una parte de los reclutados acaba en palizas y secuestros documentados que alimentan la propaganda rusa. Incluso voces que apoyan a Ucrania desde el inicio critican el método, defendiendo la objeción de conciencia. "Esta barbarie acabará", escriben, pero mientras tanto, los cuerpos de los reclutados regresan en bolsas: un caso menciona cuatro meses desde la captura hasta la devolución del cadáver.
La caza se extiende más allá de las fronteras
La presión sobre los ucranianos no se detiene en las líneas de defensa. En Europa, la extradición de refugiados varones se ha convertido en una amenaza real. Se reportan casos en Irlanda, donde un joven fue entregado por haber salido del país antes de la ley marcial, y en España, donde un instalador de fibra óptica con más de una década de residencia fue expulsado. El nuevo sistema biométrico Entry/Exit System (EES) de la UE, que registrará huellas y fotos de ciudadanos extracomunitarios, podría facilitar la identificación y eventual entrega de ucranianos en edad de combatir. Quienes tienen pasaporte ucraniano y viven fuera temen que los datos queden a disposición de Kiev.
¿Genocidio o necesidad bélica?
Las posiciones se polarizan. Un sector considera que Ucrania está cometiendo un genocidio contra su propia población masculina, usando métodos de reclutamiento propios de una dictadura. Otros lo ven como un mal inevitable en una guerra existencial, aunque critican los abusos. Mientras tanto, los vídeos de soldados ancianos o con discapacidad siendo abatidos por drones —con sus rostros aterrorizados mostrados sin censura— alimentan la indignación. La pregunta que flota: ¿cuánto tiempo puede un Estado sostenerse secuestrando a sus ciudadanos para llenar filas?
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