El termo eléctrico que dispara la factura: 45 kWh a la semana
Un piso de cuatro personas, dos adultos y dos niños, con todo eléctrico y un calentador de gas que se estropeó. La decisión parecía lógica: dar de baja el gas y poner un termo eléctrico de 80 litros, digital y programable. Un año después, según relata el usuario que abrió el hilo, la factura bimensual de luz en invierno ronda los
280 euros y el medidor de consumo que instaló en el enchufe deja una cifra que quema:
45 kWh en una sola semana de invierno. En verano, el mismo aparato baja a 7 kWh.
El dato no es una impresión. Es una medición con contador propio, de los de enchufar entre la toma y el termo, que además permite introducir el precio del kilovatio. La temperatura de consigna marca la diferencia: 70 grados en invierno, 40 en verano. Y una ducha de cinco minutos, sin cerrar el grifo al enjabonarse, deja el depósito de 70 a 40 grados. Ahí empieza el problema.
¿Cuánto gasta un termo eléctrico en standby?
La primera intuición fue apagarlo. La segunda, comprobar que apagarlo sale más caro. Con el termo encendido y en reposo, el consumo medido en siete horas nocturnas fue de
0,7 kWh. Con el agua a 65 grados, la temperatura cae unos 3 o 4 grados por hora y el aparato se enciende cada vez que baja cinco grados de la consigna. Esa noche, el contador marcó 0,6 kWh. Con la consigna a 50 grados, el mismo periodo se quedó en
0,3 kWh.
La física no admite relato. Calentar agua es proporcional a la cantidad y al salto térmico: llevar el agua de la red hasta 65 grados cuesta alrededor de un 50% más que hacerlo hasta 45. Mantenerla caliente es proporcional a la diferencia con el ambiente. De ahí que bajar la consigna de 70 a 60 grados, o programar el termo solo para las horas de ducha, sea la palanca más repetida. Un cálculo que circula en la propia discusión apunta a que el ahorro real está en no calentar lo que no se va a usar.
Programar el termo: ¿mejor apagado o a baja temperatura?
La experiencia acumulada apunta a una rutina concreta. Por la tarde, de 19:00 a 22:00, agua a 65 grados para que aguanten las duchas de los niños y la de la pareja. Por la mañana, una franja corta a 55 grados para una ducha individual. El resto del día, consigna baja o apagado. Con esa configuración, el consumo nocturno se desploma: de 0,64 kWh con el termo a 65 grados fijos a
0,02 kWh con el termo programado a 40 grados. La diferencia no está en apagar, está en no mantener caliente lo que nadie va a usar.
El problema aparece cuando el depósito se queda seco. Una ducha larga, un lavado de pelo, y los 80 litros no dan para más. Recuperar la temperatura desde cero cuesta:
0,67 kWh para volver a 40 grados tras un consumo intensivo. La conclusión que se impone es que el termo no es caro por estar encendido, sino por calentar agua que luego se enfría sin usarse.
La válvula termostática y otras soluciones
La válvula mezcladora a la salida del termo es la recomendación técnica más repetida. Cuesta entre
30 y 50 euros, es mecánica, tiene dos entradas y una salida, y entrega el agua ya mezclada a la temperatura deseada. La lógica es simple: las pérdidas de calor en la tubería son proporcionales a la temperatura del agua. Si el termo está a 65 grados y la válvula entrega a 38, se pierde menos calor por el camino que si el agua sale a 65 y se mezcla en el grifo. No es un grifo termostático: es una pieza fija a la salida del depósito.
Hay quien ha dado el salto a la bomba de calor. Un termo con bomba de calor integrada, de 80 litros, calienta el agua a 55 grados máximo y consume una fracción de lo que gasta una resistencia. La diferencia de consumo entre modos es notable, y con dos programas diarios basta para dos duchas. El ruido del compresor, un ligero ronroneo, es el precio a pagar.
Butano, gas natural o volver al principio
El regreso al gas es la salida que varios han tomado. Un participante afirma que un calentador de butano de 11 litros automático ha recortado la factura bimensual en
50 euros respecto al mismo periodo del año anterior. Con gas natural, otro usuario dice que el gasto bimensual de agua caliente se queda en
34 euros para tres personas. Existen incluso termos de gas con depósito, compatibles con butano, propano o gas natural, que ocupan 10 centímetros y son estancos.
La comparación es incómoda. El termo eléctrico, con todo su aislamiento y su programación, no compite con el gas en coste por kilovatio útil. La electricidad sigue siendo la energía más cara para calentar agua, y la única forma de compensarlo es reducir el consumo al mínimo: menos temperatura, menos horas, menos litros calientes que se quedan fríos.
El cálculo completo, con las mediciones noche a noche, las temperaturas de consigna y los consumos de recuperación, deja una conclusión que no cierra del todo: el termo gasta poco en reposo y mucho cuando trabaja. La pregunta es si merece la pena mantenerlo caliente para ahorrar unos céntimos o dejarlo frío y pagar la recuperación. Nadie ha medido todavía la respuesta con precisión.