Cien mil euros ahorrados: la pensión que divide a los españoles
Un exconductor de autobús urbano, recién jubilado, encarga un Porsche Taycan. Una viuda de funcionario acumula 640.000 euros entre acciones del BBVA y del Santander, y se queja por primera vez del impuesto de patrimonio. Otra pareja, con dos viviendas y menos de 60.000 euros en liquidez, se considera clase media tirando a baja. No son casos extremos: son las piezas de una conversación que pregunta si 100.000 euros es mucho o poco ahorro para quien deja de trabajar.
100.000 euros, ¿una cifra alta o un colchón justo?
Las opiniones se disparan. Hay quien recuerda que la media de ahorro de los hogares españoles ronda los 9.000 euros, y que los jubilados, por lógica, se acercan más a los 56.300 que a esa cifra. Así que, comparado con el conjunto de la población, 100.000 euros es bastante. Pero también está quien sostiene que, con la inflación acumulada y la que viene, 100.000 euros es una miseria: en 1999 habría sido otra historia, ahora apenas da para cuatro años de gastos en una residencia privada, que cuesta 2.300 euros al mes.
El patrimonio que no se ve: vivienda y alquileres
Una de las claves del análisis es que el ahorro líquido no cuenta toda la historia. La generación que se jubila ahora tiene, en muchos casos, la vivienda pagada y, frecuentemente, una segunda propiedad. Un piso en una capital de provincia puede valer 200.000 euros; en Madrid o Barcelona, 300.000. Quienes alquilan esos pisos ingresan entre 1.000 y 1.500 euros al mes. De ahí que un patrimonio total de 600.000-700.000 euros para un funcionario jubilado se considere normal, no excepcional. Aunque no lo parezca, la liquidez es solo la punta del iceberg.
La otra cara: pensiones bajas, residencias caras y pobreza
El contraste llega con quienes no llegaron a acumular. Hay jubilados que viven con entre 8.000 y 12.000 euros en total, y el 34% de la población vive en riesgo de pobreza. Además, una operación de próstata en la privada cuesta 12.000 euros, y la pública puede tardar un año; una residencia, 2.300 al mes. Desde este lado, 100.000 euros no es una fortuna: es un colchón de emergencia, no un pasaporte a la tranquilidad. Y también hay quien ve una aberración moral en que un pensionista tenga capacidad de ahorro cuando el sistema presume de repartir.
El dato que descoloca es el último: se calcula que en España hay más de un billón de euros ociosos en cuentas corrientes, y la mayoría pertenece a jubilados. Mientras, los jóvenes no tienen un duro. La pregunta de fondo no es si 100.000 euros es mucho, sino por qué la brecha generacional se mide también en libretas de ahorro. Ahí, nadie tiene una respuesta cómoda.