El resurgir de las 'centras': estimulantes para estudiar, entre el mito y el riesgo
En los años 90, en las farmacias españolas se vendía centramina sin receta. Tres pastillas por mil pesetas. Las machacaban para que subieran más rápido. Ahora, quien busca esa concentración absoluta debe pasar por un psiquiatra, obtener un diagnóstico de TDAH y conseguir Concerta, Ritalin o modafinilo. Pero entre la nostalgia y la necesidad real, el debate sobre los estimulantes cognitivos sigue abierto.
De la centramina al Katovit: la era dorada de los estimulantes legales
La centramina, cuyo principio activo es la dexanfetamina, se dispensaba sin control en las farmacias hasta que se restringió su venta. El Katovit, comercializado como un complejo vitamínico con prolintano (un estimulante central derivado de la dexanfetamina), se pudo adquirir libremente hasta 2003. Una caja de 20 pastillas bastaba para una noche de estudio –o de fiesta–. Los testimonios de la época hablan de concentración absoluta, control mental y, también, de euforia y falsa sensación de rendimiento. "Podía estar horas sin pestañear, pero suspendía los exámenes", resume un perfil que conoce bien el efecto.
El camino actual: diagnóstico de TDAH y fármacos controlados
Hoy, los psicofármacos para el déficit de atención son la vía legal. El metilfenidato (Concerta, Ritalin) es el tratamiento de primera línea. Algunos lo consiguen con receta; otros, en el mercado negro. Las experiencias son contradictorias: unos reportan una capacidad de concentración "de la hostia", mientras otros describen un efecto placebo que no se traduce en mejores notas. "Es una falsa sensación de concentración", advierte un profesional del sector. Los efectos secundarios –taquicardia, ansiedad, insomnio– no son menores. Y la adicción, un riesgo real.
Riesgos y alternativas: ¿qué funciona realmente?
Las bebidas energéticas son la alternativa legal más extendida, pero su consumo abusivo se asocia a diabetes, deterioro hepático y cerebral. Frente a ello, algunas voces apuntan a la L-teanina, un aminoácido presente en el té, como suplemento eficaz para la concentración sin efectos secundarios graves. También se defienden métodos como la meditación, el mindfulness o la simple reducción del uso del móvil. El problema de fondo, sin embargo, es que quienes realmente padecen TDAH se topan con un sistema sanitario que a menudo infravalora el trastorno en adultos. El resultado: muchos se automedican o buscan atajos peligrosos.
¿Funcionan los estimulantes químicos para concentrarse o es un espejismo con consecuencias? La evidencia dice que pueden ayudar, pero no sustituyen al esfuerzo ni están exentos de riesgos. La cuestión es si el sistema está fallando al no diagnosticar correctamente o si se está medicalizando un problema de disciplina. El debate, como la sustancia, sigue activo.