Los viejos de hoy frente a los de 1990: dos generaciones, dos caracteres
En los debates sobre el envejecimiento de la población española, un aspecto menos analizado es el cambio generacional en la actitud de las personas mayores. Mientras que los octogenarios de 1990 eran vistos como modelos de austeridad y esfuerzo, los de 2025 arrastran una fama bien distinta.
Un análisis de las condiciones socioeconómicas revela por qué. Los mayores de 80 años de hoy nacieron en los años 40 y 50, vivieron la posguerra y el desarrollismo, y muchos se beneficiaron de la burbuja inmobiliaria y el crecimiento sin precedentes. En contraste, los que tenían 80 años en 1990 habían pasado hambre, trabajado desde niños y vivido una guerra. La diferencia de experiencias forjó dos perfiles contrastados: uno con valores de esfuerzo y austeridad; otro, al que algunos etiquetan como «langosto», que prioriza su propio beneficio sin empatía por las generaciones jóvenes.
La consecuencia es una fractura generacional que se manifiesta en la convivencia cotidiana. Mientras los mayores de antes transmitían mensajes de mesura, los de hoy son percibidos como un lastre económico y social. La pregunta que queda abierta es si esta tendencia se corregirá con el relevo generacional o si la brecha se hará crónica.