150.000 drones británicos: Reino Unido responde a la advertencia de Rusia
Londres ha confirmado que mantendrá su apoyo militar a Ucrania después de que Rusia advirtiera de “consecuencias” por el suministro de drones. La decisión, difundida el 19 de agosto, llega en plena escalada verbal: el canciller ruso, Sergei Lavrov, ha llegado a plantear que el uso de aparatos británicos contra territorio ruso podría considerarse una participación directa de
Reino Unido en la guerra. La delegación británica no ha confirmado los reportes sobre el empleo de esos drones en ataques concretos.
Una advertencia que no frena el rearme
La cifra no es menor: 150.000 drones de fabricación británica. La decisión se enmarca en una política de apoyo inquebrantable a Kiev, pero abre un flanco estratégico. Mientras en Ucrania los drones se ensamblan de forma descentralizada –en cocinas y talleres domésticos–, en Reino Unido la producción está concentrada en fábricas fácilmente localizables. Hay quien sostiene que esas plantas se convierten en un objetivo legítimo y mucho más vulnerable que las ucranianas.
Represalias que no serán misiles
La respuesta rusa, según el análisis más extendido, no vendrá en forma de Oreshnik sobre Londres. Será asimétrica: aumento de la ayuda militar, económica y de inteligencia a los hutíes para atacar buques británicos que crucen el canal de Suez o transiten por el Mar Rojo. Rusia no necesita ensuciarse las manos, se argumenta, cuando tiene aliados que ya no cobran en riales sino en rublos. La amenaza de una crisis energética que arrase con Europa es otra carta que Moscú podría jugar junto a Estados Unidos e Israel.
El dato que descoloca: mientras el Reino Unido presume de blindar a Ucrania, su propia industria de drones queda expuesta a un contragolpe que no tiene forma de misil balístico. La guerra ha dejado de ser solo ucraniana.