Conductores profesionales usan ketamina para esquivar los controles de drogas
¿Qué tienen en común un camionero, un repartidor y un transportista que quiere evitar un positivo? Cada vez más, un frasco de ketamina. La noticia, publicada a mediados de abril de 2023, sitúa el fenómeno en Baleares: la Policía Local y la Guardia Civil de Tráfico no detectan esa sustancia en los análisis de saliva de los controles preventivos. Y algunos conductores profesionales, al parecer, han hecho los deberes: si la prueba no la caza, ¿para qué arriesgarse con la cocaína o el cannabis?
El agujero en el test de saliva
La prueba rápida de carretera no analiza cualquier sustancia: tiene un panel cerrado de drogas. La ketamina no está en esa lista. El test de laboratorio sí la detectaría, pero en un control preventivo nadie llega a eso. El resultado es un incentivo perverso: el conductor que quiere consumir y salir a la carretera busca la sustancia que no aparece en el papel. En lugar de disuadir, el control premia a quien elige mejor la droga.
El precedente de las benzodiacepinas
No es la primera vez que la lista de sustancias perseguidas se queda coja. Con las benzodiacepinas pasó algo parecido: la DGT anunció que no sancionaría a quienes tuviesen receta, alguien recurrió a los juzgados y el Tribunal Constitucional terminó avalando la distinción. Resultado: los positivos por benzos dejaron de sancionarse. La lista de drogas a vigilar no responde a un criterio toxicológico puro, sino a un pulso institucional. Y los conductores lo saben.
¿Sirve esa droga para conducir?
Aquí el sentido común da un frenazo. La ketamina es un anestésico disociativo: altera la percepción, la coordinación y el estado de conciencia. Quien se la mete acaba noqueado, no en condiciones de ponerse a los mandos. La estrategia de esquivar el control puede funcionar sobre el papel, pero multiplica el riesgo de no llegar a ningún control. El que prueba el atajo puede descubrir que la carretera tiene curvas que no se negocian con los ojos en otra dimensión.
Controles poco fiables, recaudación muy fiable
La discusión pública deriva hacia algo más incómodo: los tests de saliva no son infalibles, y el margen de error se combina con la arbitrariedad del agente a la hora de inmovilizar el vehículo o pedir una segunda prueba. Hay quien sostiene que el cannabis se ha convertido en la presa estrella de los controles, pese a no aparecer en las estadísticas de accidentes cuando no va acompañado de alcohol, mientras otras sustancias quedan impunes. La sospecha: el objetivo es la multa, no la seguridad.
Mientras la Administración persigue la droga de moda con tecnología de otra época, el mercado negro se adapta más rápido que el BOE. El conductor que busca un chute sin riesgo legal ya tiene su atajo. Lo malo es que el atajo es una carretera llena de curvas, y el que lo toma va con los ojos como platos.