Sobrevive a dos dosis de pentobarbital y Tennessee no tiene protocolo
¿Qué se hace con una condenada a muerte que no se muere? Tennessee no lo tiene escrito.
Christa Pike, que llevaba casi tres décadas en el
corredor de la muerte, sobrevivió a las dos tandas de pentobarbital de su ejecución y dejó al estado con una sentencia firme, una orden cumplida a medias y ningún manual para el paso siguiente. La condena le fue impuesta en
1996 por el asesinato de Colleen Slemmer, una compañera de 19 años del programa de formación laboral Job Corps en Knoxville, cometido el año anterior. Pike tenía 18 años entonces.
Qué ocurrió durante la ejecución de Christa Pike
El Tribunal Supremo de EEUU levantó horas antes la última suspensión dictada por un tribunal federal de apelaciones y dejó
vía libre al estado. La primera cortina que separa a los testigos del lugar de la ejecución se cerró alrededor de las
19:46 hora local. Volvió a abrirse tres minutos después: Pike seguía respirando y su guía espiritual regresaba a la sala. Empezó entonces una segunda ronda del fármaco. Tras ella, los presentes escucharon respiración y ronquidos fuertes, y vieron moverse su cabeza y su cuello; en un momento,
levantó la cabeza sobre la camilla. La cortina se cerró a las 20:05 y la respiración se siguió oyendo hasta las
20:53, cuando obligaron a salir a los testigos. Una ambulancia abandonó la prisión con las sirenas encendidas, sin que se haya confirmado quién viajaba dentro.
¿Cuántas dosis contempla el protocolo de Tennessee?
Cuatro jeringas. Dos de ellas con
50 mililitros de pentobarbital. El procedimiento permite repetir la administración una segunda vez si la primera no logra el efecto esperado. Lo que las instrucciones no dicen —según el relato de los periodistas acreditados, entre ellos Catherine Sweeney, de la emisora WPLN— es qué se hace cuando la persona continúa con vida después de ambas tandas. Tampoco ha podido determinarse si el fallo estuvo en el fármaco, en el acceso intravenoso o en otro punto del procedimiento.
La condena sigue vigente y sin fecha nueva
Los abogados de Pike presentaron una moción de emergencia después de que sobreviviera a las dos dosis. La condena a muerte no se ha revocado y no se ha anunciado una nueva fecha de ejecución. El procedimiento estaba previsto, además, como el primero de una mujer en Tennessee en
más de 200 años, un detalle que añade ruido a un expediente que ya iba camino de las tres décadas.
Negligencia, sospecha de sabotaje y la comparación con España
Aquí la conversación se abre en varias direcciones. Una corriente sostiene que lo ocurrido es negligencia pura del sistema y que la defensa tiene margen para reclamar daños y perjuicios por un procedimiento que nadie supo rematar. Otra apunta a un sabotaje deliberado por parte de la administración, sospecha que no cuenta con ningún respaldo probatorio y que circula por pura desconfianza hacia el estado. También hay quien lee el episodio como
síntoma más amplio: un país que exporta imagen de eficacia institucional y no consigue completar una ejecución.
Y aparece la comparación recurrente. Frente a la cadena perpetua que, se argumenta, se cumple íntegra en EEUU, se sostiene que en España las condenas por terrorismo o por asesinato múltiple acaban saldándose con salidas anticipadas. En contra pesa que el cotejo mezcla dos ordenamientos distintos y convierte casos concretos en regla general, además de olvidar que aquí la discusión no es si la pena se cumple, sino si se puede aplicar sin matar dos veces al mismo reo.
A fecha de este relato, Pike sigue viva y el estado no ha explicado qué piensa hacer con ella. Ironía fina: para sacar a alguien del corredor de la muerte hacen falta más papeles que para meterlo.