Coches sin ITV: ganga o quebradero de cabeza
La tentación de comprar un coche que lleva años parado, sin ITV y a precio de saldo es real. Pero el ahorro inicial puede esconder costes ocultos que multipliquen la inversión. El principal riesgo no es la ITV en sí, sino el estado mecánico real de un vehículo que ha estado inactivo durante años.
El problema no es la ITV, es lo que no se ve
Un coche parado durante años, aunque se arranque de vez en cuando, acumula degradaciones: neumáticos deformados, fluidos deteriorados, correas de distribución vencidas, batería muerta... Algunos compradores confían en que una inspección visual baste, pero la realidad es más compleja. La ITV caducada no es garantía de mal estado, pero su ausencia suele indicar que el propietario no ha querido o no ha podido pasarla.
Cómo minimizar riesgos antes de comprar
Antes de desplazarse, es imprescindible obtener el informe completo de la DGT (o servicios como Carfax) para comprobar si ha tenido ITV desfavorable, cargas o siniestros. Además, se puede contratar un seguro temporal por días para circular hasta la ITV, aunque las coberturas serán limitadas. Una vez en el lugar, lo ideal es que un mecánico independiente revise el vehículo.
El factor precio: ¿cuánto vale el riesgo?
La diferencia de precio entre un coche sin ITV y uno con ella puede ser de miles de euros. Pero hay que sumar el coste de las reparaciones necesarias para pasarla y circular con garantías. En coches baratos, el coste total puede superar el valor de mercado. Por eso, esta operación solo tiene sentido para aficionados a la mecánica que puedan hacer ellos mismos muchas reparaciones.
Al final, comprar un coche sin ITV es una apuesta. Puede salir bien si el vehículo está en buen estado y el comprador es manitas, pero también puede convertirse en un pozo sin fondo. La prudencia y una inspección exhaustiva son la única defensa.
Debates relacionados en el foro