Comprar un Puretech por 15.000 €: ¿ganga o trampa?
El motor 1.2 PureTech de Stellantis arrastra una fama que pocos mecánicos discuten: una correa de distribución bañada en aceite que se degrada, obstruye la chupona y acaba con el motor. Quien se plantee gastar entre 15.000 y 18.000 euros en un usado con este propulsor debería saber que el ahorro inicial puede convertirse en una pesadilla económica.
Un fallo de diseño sin solución definitiva
El problema no se limita a cambiar la correa cada 60.000 km o 6 años. Al degradarse, el caucho contamina el circuito de lubricación, tapa el filtro de aceite y reduce la presión hasta gripar el bloque. Stellantis reconoció el fallo y amplió la cobertura al 100% hasta 10 años o 180.000 km, pero con condiciones: mantenimiento estricto en taller oficial y revisiones periódicas. Una vez vencido ese plazo, el dueño asume facturas que rondan los 1.500 € solo por la correa, y hasta 5.000 € si el motor se ha dañado.
El espejismo del kit de conversión a cadena
En el mercado aftermarket ha aparecido un kit para sustituir la correa por una cadena. El problema es que cuesta unos 3.000 €, requiere mano de obra especializada y Stellantis no lo homologa, lo que anula cualquier garantía residual. Por ahora lo distribuyen muy pocos talleres y está en fase de preproducción. Apostar a que esta solución se generalice es, a día de hoy, una incógnita.
Alternativas reales por el mismo dinero
Por 15.000-18.000 € se encuentran Toyota Yaris o Corolla híbridos de segunda mano con 70.000 km y una fiabilidad contrastada. Motores atmosféricos con cadena de distribución, sin correa bañada en aceite ni turbocompresor. El sobrecoste de mantenimiento del Puretech (correa cada 60.000 km + posible avería) acerca el coste total al de un Toyota, pero sin la tranquilidad de un motor que raramente da problemas.
La decisión parece clara: si el presupuesto se mueve en esa horquilla, hay opciones más seguras. Comprar un Puretech de segunda mano es asumir un riesgo que, según los datos disponibles, no compensa. ¿Merece la pena jugársela por un puñado de euros menos?