Bankia: de 3,75 euros en la OPV a 0,006, el aviso que nadie quiso oír
Un hombre entra en una sucursal y firma. Cree que compra un dividendo del 8%. Años después, la acción que pagó a 3,75 euros cotiza a 0,006. Ese es el arco completo de Bankia en Bolsa, y el asunto se sigue discutiendo con la misma pregunta de siempre: ¿era el momento de comprar o el momento de salir corriendo? La recomendación de compra que abrió la conversación —firmada por un medio especializado en filtraciones— recibió como respuesta una carcajada y un cálculo demoledor: el valor real del banco, se sostenía, era cero.
Qué decía la recomendación de comprar acciones de Bankia
El punto de partida era una tesis sencilla: el equipo gestor —con nombres propios al frente— había saneado la contabilidad, había contado las pérdidas sin ambages y merecía confianza profesional a medio plazo. Un banco, venía a decirse, es un conjunto de profesionales y su negocio se basa en la confianza. Y la acción estaba barata.
Contra eso se levantó el argumento que acabó ganando la partida: si el valor contable es negativo, lo barato no existe. Comprar un activo cuyo valor real se estima en cero no es invertir, es apostar. Y la advertencia técnica que se lanzó desde el primer día —dilución brutal o directamente cero para el accionista cuando se convirtieran los canjes de preferentes y subordinadas— se cumplió con una precisión que hoy da escalofríos.
Qué pasó con las preferentes y los accionistas de Bankia
El mecanismo se explicó con claridad en la conversación: los tenedores de preferentes y subordinadas iban a canjear sus productos por acciones, y ese canje diluiría hasta lo irreconocible la participación de quien hubiera comprado en Bolsa. El resultado final fue peor que la dilución. El fondo público de rescate confirmó que Bankia valía cero euros y se ejecutó un contrasplit de 100 a 1.
La secuencia quedó descrita sin adornos: de 3,75 euros en la salida a Bolsa a 0,006 euros. Y en medio, un reguero de avisos que se repitieron durante meses —por debajo de 0,2, operación acordeón, ampliaciones de capital— mientras el dinero seguía entrando. Cada palo que aguante su vela, resume la corriente más dura.
El caso de la abuela que perdió 20.000 euros por confiar en su director
Aquí está la parte que no sale en los gráficos. Una mujer de 93 años, clienta de toda la vida de la sucursal —antes de otra caja—, compró 20.000 euros en acciones a más de 3 euros porque su director se lo recomendó con insistencia. Su hijo le advirtió de que no lo hiciera. Ella confió más en el hombre que le llevaba las cuentas desde décadas que en su propio hijo. Lo perdió todo. El dinero venía de una pensión mínima y de años de gastar lo justo.
Ese es el perfil del inversor que sostuvo la acción: gente mayor, sin formación financiera, convencida por el personal de su propia oficina. El 99% de los ciudadanos cree que sabe sumar, apunta otra intervención, pero no distingue beneficio de dividendo ni deuda por acción. Sobre esa ignorancia se construyó la colocación.
¿Cuánto valen las oficinas y los activos sanos de Bankia?
La pregunta que ordena el escenario final es contable: cuánto valen las oficinas y los créditos sanos, y cuánto vale la marca. La respuesta que circula es que la marca vale cero después de haber quedado asociada a la estafa para una parte de la clientela. Súmese eso y sale el precio al que un competidor compraría el banco cuando el gobierno diera permiso para una operación de este tipo.
En paralelo, el cierre de oficinas se contaba desde dentro: en Menorca se habían cerrado todas, dejando la zona sin sucursales y con los clientes a más de 30 kilómetros. La reacción del cliente es la de siempre: cuando venza el depósito, me lo llevo.
El momento de entrar: entre el céntimo y la ruleta rusa
La corriente especulativa tiene su propia tesis, y no es la de comprar y esperar: Bankia podía ser atractiva para especulación pura y dura, asumiendo que en condiciones normales debería haber quebrado. El escenario que se dibuja es el de una operación diseñada para limpiar el balance, traspasar los marrones al banco malo y dejar el activo listo para un comprador amigo.
El cálculo que circula sitúa la entrada ideal en el segundo uno después de la recapitalización, con la acción entre 0,01 y 0,05 euros, y una revalorización de entre el 1.000% y el 5.000% a cinco años. La advertencia que acompaña al cálculo es que el contrasplit de 100 a 1 manipula el número de acciones existentes lo justo para que parezca que el valor sube. Y la comparación que cierra el asunto: comprar ahora es ruleta rusa con todas las balas en el tambor; esperar a las ampliaciones, ruleta rusa con cuatro balas de seis.
Queda el dato que descoloca. La conversación se abrió con una recomendación de compra y terminó con el valor contable en cero, un contrasplit de 100 a 1 y una acción a 0,006 euros. Entre una cosa y otra, alguien compró 20.000 euros a 3,75.